sábado, noviembre 27, 2021

ADIOS FULANA, LA BODEGA LORETANA



Ha salido un libro mío y la verdad que lo único bello y maravilloso es que solo he recibido llanto / cada persona que me habla y que realmente ha leído mi libro llora / no pueden, lo logran concluir la idea que quieren expresar de su lectura y se echan a llorar / lo comprendo / me choca a mí también / quisiera llorar con ellos pero eso sería quebrar el estado emocional que hemos logrado con tanto esfuerzo de años con mi psiquiatra / trato de mantener la distancia / agradezco las palabras maravillosas / quisiera cargar con toda esa energía / si esa energía fuera dinero ya tendría harta plata / pero solo es eso / llanto / ni siquiera es energía / solo llanto.

El papá de Roberto me llamó un domingo y se quebró dos veces / lo había mencionado en el libro / me dijo que era una persona especial / que agradecía tanto mis palabras / y se volvía a poner a llorar / me llena tanto que desbordo de emoción en mí y entonces debo recurrir a la oscuridad para esconderme / para tratar de liberarme de toda esa locura agresiva que me sacude cuando me dicen que hago cosas geniales / que soy una leyenda / que soy un artista de culto / que soy un referente / me apago totalmente, siento que la camiseta me queda grande /  . / 

Me llama mi prima Carla y me cuenta que semanas antes de morir, a mi primo Foño (Toño) lo único que lo hacía sonreir era escuchar mi voz a través de unas entrevistas que mi prima le descargaba y le mostraba / es tu primo Juan, el escritor / pero para mi primo Foño yo no era solo un escritor, era su primo de la infancia, su pata que lo vio en el centro comercial Arenales, que lo encontraba en movidas de anime, de manga, de comic / Entonces sonreía Foño tratando de olvidar el dolor del cáncer al cerebro que se lo estaba comiendo vivo / fueron sus últimos momentos de relajo, escuchar a su primo artista las tonteras graciosas que decía durante sus entrevistas / . / 

Cada capítulo de mi libro El emprendedor de las mil caras tiene un personaje a quien ataco, y lo vuelvo vulnerable. A veces les gusta, muchas veces no. Pero me respetan la decisión de ponerles el reflector. Luego no me hablan, me olvidan. Intentan seguir la vida sin que yo existiera. Lo siento así, lo siento, pero así es el fútbol. Se gana se pierde o se empata. Yo no empato, o gano o pierdo. Y cuando pierdes, y pierdes y sigues perdiendo, cuando ganas, ese momento se vuelve único. Es lo que he aprendido en estos años de tropiezos y alegrías. Me quedo con las lágrimas y mis graffitis. 

Ahora que tengo a mi madre enferma y de pronto me he vuelto un experto en geriatría, en enfermería e incluso técnico en asistencia médica, cada vez que a mi mamá le pinchan el brazo, le clavan la mano o le revientan las pocas venas sanas que tienen, cada vez que siento pena por ella me acuerdo de mi abuela Chabela. Tan vapuleada, tan discriminada por nosotros mismos. Y justo fue que me llamó mi primo Toto a contarme que había leído mi libro y me agradecía a rabiar lo que había escrito, que lo había llevado a momentos tan intensos que le daban ganas de llorar / sobre todo lo que había escrito de nuestra abuela Chabela, porque era charapa y no solo charapa sino la primera charapa en Lima. Por eso antes de morir recibió un premio como madre precursora de la cultura loretana en Lima. En la película de Chema Salcedo "Amazónico Soy", el cantante autor de la plañidera menciona que el primer vínculo de la selva en Lima fue por la Bodeguita Loretana. La tienda de mi abuela Chabela, en sociedad con mi tía Mirza y la mamá Tanita que terminó suicidándose en Parinacochas. Todo eso carga mi abuela, y cuando Toto me llamó, me contó que su hija también había leído el libro y llorando se disculpaba con él por haber tratado a mi tía Lupe (su abuela, nuestra tía, hija de mi grama Chabela, hermana de Carlos y Fernando), porque era como era. Y era como era mi grama Chabela. Colorida, bullanguera, alegre. Pero culta porque a los 12 años a mi abuela, que ya la choteaban de lugares por su comida, dijo algo que nunca olvidé: gente de mierda que no sabe de cultura culinaria. Todo porque no querían aceptar su tacacho con cecina, su juane, sus inguiris. Todo se lo rechazaban con vergüenza y hoy gracias al grupo Bareto todos se creen selváticos. 

La cantante que me hace recordar a mi abuela y a mi mamá se llama Totó La Momposina. Y tiene una canción que se llama Adiós Fulana que clama un cántico que me hace llorar. Cada vez que paso un momento duro y triste, esa tonada de la Momposina me quiebra. Necesito oírla para darme fuerza que la muerte aún está lejos. Que debemos cantar, bailar y tratar de aparentar, aunque sea enemigo de las malditas apariencias, de que todo va a estar bien.

La hija de Toto le dijo que vivía con una carga grande por haber despreciado a su abuelita Lupe. Mi tía era extravagante para vestirse, exageraba en colores y pieles cuando se trataba de ir a alguna ocasión especial, fue a mis presentaciones de poesía, de mis libros y siempre haciéndose notar. Eso le molestaba a mi sobrina Jose, la hija de Toto. Y siempbre vivió con esa verguenza, así como la viví yo cuando andaba con mi abuela Chabela y me arochaban sus colores, sus olores, su forma de hablar, su forma de expresarse. Tanto al punto de odiarla y negarla. 

Pero uno aprende con los golpes de la vida. Esos son los fracasos que uno asume en el camino para querer tener éxito. Y qué si lo que hago es escribir y escribir es morir con palabras !?

lunes, septiembre 13, 2021

NUEVO ORDEN DEL PERÚ


En Chota donde nació el presidente del Perú, hice mi debut como funcionario público en los medios de comunicación. Escena precisa donde impongo el físico como barrera para que los periodistas, Stephanie Medina de Cuarto Poder, y Jorge Det de Punto Final, aborden al Ministro de Estado. 
Me tocó estar del otro lado, después de pasar años metiendo micrófono a personajes de la política y el espectáculo, ahora apoyo una gestión política. Debo manifestar que el actual líder del sector transportes y comunicaciones es una persona humilde y extremadamente trabajadora. Hasta donde pueda apoyarlo, pondré el pecho (hombro y espalda) para soportar los ataques de la prensa. La historia fue que estábamos en Chota en una comitiva presidencial y la reportera le hizo una pregunta a quemarropa sobre la muerte de Abimael Guzmán. Nosotros ya habíamos publicado en redes sociales un manifiesto tajante contra el terrorismo. Pero ante la pregunta nuestro ministro esbozó una respuesta esquiva, lo que fue aprovechado por la periodista para echar a andar una novela televisiva. 
La segunda pregunta no se la logró hacer porque llegué a empujones rompiendo el protocolo. Saqué el Barrunto que llevo dentro e impuse (falta de) respeto. Pero logré sacarlo y llevarlo hacia su auto.

sábado, julio 31, 2021

SOÑANDO DESPIERTO


Se cumplen diez años que se murió mi abuela. Qué mi abuela, mi vieja. Qué mi vieja, mi viejo. Qué viejo, mi mejor amigo. Mi abuela. Arsenia. Se murió hace diez años y hace unas noches la encontré. Estaba en una morgue acostada. Me levantaron el telón para reconocer el cadáver. Ahí estaba. Mi Abuela, mi alma. Sí, era ella. Les dije quebrado. Dónde firmo. 

Pero hace unos días soñé con ella y estaba en la morgue. Me abrían el cuerpo y le decía te amo. Como nunca se lo dije. Como se lo dije a mi vieja cuando se desvanecía hacia la muerte. Pero volvió porque le dije perdón. Perdón por cualquier cosa o por todo, perdon. Pero reaccionó y sobrevive. Mi abuela, como la vez que se desvaneció igual que mi madre, me abrazó fuerte. Así fuerte como no te podría abrazar una novia. Ninguna más que tu madre, y tu abuela.

Estaba en la morgue, en mi sueño y me mostraban a mi abuela. Tal como ocurrió cuando murió. Pero me lo volvían a mostrar con el teatro del telón. Entonces le dije te amo y mi abuela despertó y comenzó a respirar. Así como respira el Vato ahora que cumple 15 años y pienso que no va a pasar el invierno. 

Mi abuelita despertó cuando le dije te amo.

Me dejó pensando los siguientes días porque yo creo en que la vida te da mensajes.


martes, julio 20, 2021

EL TRIUNFO EN DUELO Y EN PANDEMIA


I

Mauricio había vuelto al Perú después de 15 años en Madrid. Entonces le agarró la pandemia y no pudo volver. Ya no estaba en Miraflores sino en Barranco, en un piso donde vivió hasta la muerte el poeta José Watanabe, a media cuadra del malecón. Conocí de su proyecto, la película peruana 'Samichay', años atrás en su casa de España, y me involucré como periodista. Una historia en blanco y negro, en quechua y donde el personaje no era precisamente un actor sino una vaca. En los andes, a las alturas de las montañas donde te cruzas con los ángeles, rodaron una de las películas más importantes del cine peruano. Me he sentido orgulloso de formar parte del equipo, coordinando las entrevistas para los productores, y aunque la película se estrenó en pandemia de manera virtual, ya obtuvo grandes premios en el Perú y recientemente ganó la Biznaga de Plata en el Festival de Málaga, como mejor director. La premiación, que sí fue presencial, estuvo a la altura de las grandes ceremonias del séptimo arte. El premio lo recibió uno de los productores y dedicó el trofeo al papá de Mauricio que acababa de fallecer de covid. El mismo día de la consagración artística de Mauricio debía enterrar a su padre. Qué difícil situación para cualquiera. Si es que cabe la posibilidad si quiera de sonreir en medio del dolor. 


II

A mi amigo el Waro lo llamaron una tarde. Tu papá está mal, anda a verlo. Ya había superado el covid pero el virus no se quiso ir de sus pulmones. Dejó a su hijo Warolfo y a su pareja y fue en busca de su padre, que durante dos semanas se mantuvo con millonarios balones de oxígeno que se conseguían como si fuera merca ilegal. Luego se puso peor y lo tuvo (los tuvieron que llevar, porque pidió ayuda a dos venezolanes que fumaban en la calle) que llevar al hospital militar, donde una rapiña vestida de blanco con mandil le dijo que para subirlo a piso necesitaba diez mil soles. El Waro llamó a toda su familia desesperada y en cuestión de horas consiguieron el dinero, como si tuvieran que pagar un secuestro. Pero cuando el Waro confirmó que tenía en su cuenta la plata y fue directo a la oficina del 'doctor', el pata le dijo que el pago era en efectivo. Y se tuvo que ir ya en toque de queda y con militares en las calles en la avenida Brasil, a buscar un cajero, o mejor dicho tres cajeros porque todos tenía límite de retiro. En plena madrugada, su familia lejos. Era él y su papá moribundo en el hospital Militar. Cuando llegó el doctor se había ido, pero ya habían autorizado su ingreso al piso, como hospitalizado. Entonces el Waro regresó al departamento de su papá a limpiar todo, preparar todo para cuando volviera. A la mañana, antes de ir a buscar a su papá a la habitación fue donde el doctor, para entregarle el dinero, era una situación complicada tener ese dinero en el bolsillo. Pero el doctor le dijo que ya no era necesario porque acababa de fallecer. 
Luego de cremado su padre, el Waro tuvo que esperar dos semanas más en cuarentena y descartar el virus para poder recibir un abrazo de su familia. En esos días, volviendo a su vida de intelectual, autor de un libro de investigación sobre equidad de género, tuvo que presentar el libro por Facebook poniendo la mejor cara. En medio del duelo, el Waro presentó su libro y reivindicó su oficio guerrero.

III

A Carlita la conocí en un concurso de emprendimientos en la PUCP, ambos fuimos invitados como jurado. Luego intercambiamos tarjetas y la invité a mi programa. En ese entonces ella era directora de una ONG mundial y nos cruzamos en otros canales. Por eso cuando me enteré que había emprendido con una consultora propia, no dudé en brindarle mi apoyo. Mi apoyo y mi libro Barrunto. Uno de esos domingos de pandemia que no se podía salir más que a correr, salí por el Pentagonito y le toqué la puerta, por al final me di cuenta que éramos vecinos. Carlita se disculpó por no invitarme a pasar pero me confesó que su madre padecía de una enfermedad oncológica y debía atenderla en ese momento. 
Y a partir de ahí comenzamos a hacer buenos negocios en un entorno de amistad. Me contó entonces que su hijo era medio artistas y amaba los comics, por lo que enganchó con el Barrunto. Comenzamos a llevarle las relaciones públicas a su consultora y comunicamos sus avances. 
En eso fue que volvimos a hacer nuestro programa al estudio de grabación y la comprometí, aún sabiendo que tenía mucho temor al contagio, hicimos la transmisión sin mascarilla y nos la jugamos cada uno por su emprendimiento. 
Un día, meses después y cuando ya habíamos vuelto a la cuarentena, y con eso se desmanteló el estudio de grabaciones, le pedí a Carlita entrevistarla en Tecnología & Negocios y nunca me confirmó, pasaron dos tres días y llegó el día y no pude hacer el programa. Al cuarto día huzmeando (sus) redes sociales vi que había puesto una foto de su mamita. Le puse su like y ya no le seguí insistiendo por la entrevista. A los días me llamó y se disculpó, pidió comprensión por su ausencia, pero el duelo la tenía sumida en una profunda tristeza. Aún así, Carlita me pidió seguir trabajando y que podía participar en la transmisión la siguiente edición. Se presentó por videollamada y habló de su startup, de sus planes de expansión. No se le notó triste. Me hizo recordar a Gianmarco, cuando yo era joven el pelado llenaba la Estación de Barranco todos los martes. No lo seguía pero lo veía por tele, odiaba su música pero en una entrevista contó que el día que murió su papá fue un martes y tuvo que ir a cantar, y cantó. Tal vez cantó sacando fuerzas de lo más adentro. Eso me impactó y pienso que es una forma de rendirle el mejor tributo. Igual Carlita, a pesar de estar en duelo por su madre, a quien veía en cada sitio de su casa pero ya no estaba, me contó cuando hablé con ella para coordinar una entrevista. También me dijo que en medio de toda su tristeza había recibido una buena noticia, que había quedado finalista en un importante premio internacional. Yo le dije que mi amigo Mauricio, el cineasta, había recibido hacía unos días la mejor noticia de su carrera artística, que lo consagraba como uno de los mejores cineastas del mundo, pero que su viejo había muerto el mismo día. Así que igual le iba a pasar a ella. Igual creo que mis palabras de aliento no le ayudaron en nada. Pero agarró sus maletas y se fue con su familia hacia un viaje trascendental, a Cajamarca, a visitar la casa donde vivió su madre. Cosas de la vida que en pleno viaje recibió la grata noticia que su consultora Wempo es una de las mejores startups de América Latina. Una señal, una luz en medio de la sombra oscura. Siempre hay esperanza de que mañana podemos sonreir. 

jueves, junio 03, 2021

ESTERILIZAR A KEIKO



A Keiko le ha venido su primera regla. Desde hacía días que se lamía la cosita. Recién tiene unos meses, nació el día del periodista. Por eso creo que es la hija que me ha dado la vida. El 1 de octubre en plena pandemia. Luego tuve que ir a recogerla enmascarado adonde Sarita de los Milagros. Ella tenía una perrita peruana sin pelo y con las orejas en punta. Pero la Keiko tenía pelo y las orejas caídas. Es más, tiene una cola grande, larga y de pelo trinchudo. Más que perra, parecía una zorra agringada. 
Pero me la llevé con mucho cariño, la acepté así como se aceptan los hijos feítos como yo. Lo mismo habrá sentido mi mamá cuando me vio la primera vez, pensé. 
Desde la primera noche durmió en mi almohada sobre mi cabeza. Al comienzo se aferraba a mi cabeza pero con los días se fue soltando. Mi idea era tenerla hasta que pueda ir a la casa de playa de mi hermano mayor. Yo tengo dos hermanos mayores, uno es el que tiene plata y el otro es el millonario. Esta casa de playa es del que tiene plata, tiene grandes jardines y hartos montículos para correr, además de la playa mitad piedra mitad arena. Siento que desde que la he llevado a la playa ha sido eternamente feliz. Corre, grita, encuentra huesos o cabezas de algún animal, a la basura no le hace mucho caso en la playa. Siempre hay basura que viene del río y desemboca en el mar. Nosotros somos el mar. 
El día que le vino la regla fue por la noche, porque amanecí con la almohada manchada de sangre. 

Pensé que era yo pero Keiko me miraba con cara de culpa. Entonces la llevé donde el veterinario, el doctor Figari. El doctor y yo hemos crecido en el mismo barrio, en Villa Coca, límite de Surco con Surquillo. Él vivía más cerca de la casa de Abimael que de El Padrino. Aunque más cerca vivía a la casa de un fiscal, que en esa época se le llamaba 'jueces sin rostro', que atentaron de madrugada los terroristas de Sendero Luminoso. La casa del doctor Figari, que en ese entonces era niño y su papá tenía ahí la veterinaria, quedó con las ventanas quebradas. Además del miedo que ocasiona que exploten kilos de dinamita a unos metros de tu inmueble. 
Yo vivía más allá pero también se rompieron las ventanas. Y había apagones donde solo quedaba escuchar una radio a pilas, Radio Programas o Radio Panamericana. Todos juntos caballero, no había mayor entretenimiento en la oscuridad. A veces volvía la luz casi a medianoche y solo podías ver la movida de Verónica Castro o a Jaime Bayly que salía durazo hablando locuras. 

En aquella época en el barrio de Villa Coca, a un perrito pequinés se le salió un ojo. Caminaba tardíamente en su casa, cuando la puerta de la cocina se cerro cuando él pasaba y le apretó la carita, que de pronto se puso como si se le hubiera incrustado una bola de billar. 

Así estuvo por horas, en el jardín de la calle asustado, mientras los chicos del barrio mirábamos agonizar al perrito que se le había salido el ojo.  El veterinario era el doctor Figari padre, vino inmediatamente y sugirió dos caminos: uno era sacrificarlo y otro era hacerle una cirugía complicada y costosa. Hubo niños y niñas que se unieron a la causa y propusieron pagarle una operación. Todos queríamos salvar la vida del perrito pequinés. Pero la decisión más razonable para los papás fue sacrificarlo. Así, el doctor Figari sacó del maletín una jeringa y le puso una inyección al perrito que minutos después comenzó a convulsionar en el jardín de la calle, frente a todo el barrio de Villa Coca. Y estiró la pata. 
No fue un final feliz para los niños y niñas que presenciamos el desenlace. Pero eran tiempos en que en el país no había mucha felicidad. 

El doctor Figari hijo tiene dos locales veterinarios, lo he entrevistado en mi programa empresarial varias veces y siempre ha dado la talla, siempre un mensaje positivo y de esperanza para los emprendedores como él. 
Me dice que a la Keiko hay que esterilizarla. Y me da un precio especial, de amigo. Estoy juntando mis monedas para poder cumplirle. Lo que más hace falta en estos días es dinero, ahora que salgo a la calle a comprar a Wong y veo la cola de ingreso de una cuadra, me hace recordar cuando fuimos a pedir Visa a la embajada de EEUU, en Miraflores. Una cola muy parecida. A dios gracias aún se ven los anaqueles llenos de productos, pero por ejemplo la comida para la Keiko que le compro ha subido ya unos buenos soles. Entonces tener una perrita ya requiere un presupuesto que no había pensado cuando llegó, porque pensé que se iba a la playa y ya está. Pero en la playa hace un frío de los infiernos en agosto. 

El único que está contento con todo esto es Vato, mi otro perrito pug que ya tiene quince años. Al parecer morirá intentando amar a la Keiko. Mi mamá ya se encariñó con la Keiko, todas las mañanas después de hacer caca, que por cierto come todo tipo de alambres, plásticos y algodón que luego aparecen en el jardín del edificio dentro de sus mojones. Apenas entra corre hacia ella y le lame la cara. Luego le muestra los dientas y le mueve su cola trinchuda. Lo malo que ladra mucho y ya los vecinos detectaron que tengo una intrusa. 
Aún no me hacen chongo, pero la Keiko tiene sus días contados aquí. Durante el día se pone sobre la ventana y mira hacia la calle, y le ladra a todos los que pasan por ahí: vendedores, vecinos con sus perros, cantantes de todo género, desde balada, folclor y música de la selva que son los más bulleros e innovadores, incluso traen a un o una para que baile, pero una vez pasaron con el bailarin pintado de azul, como si fuera el personaje de la jungla maravillosa de una película de esas que pasan en los buses de Soyuz cuando voy a la playa. Algunos les lanzan plata en una bolsa y así van juntando de cuadra en cuadra los músicos. 

El futuro de la keiko es cuidar de la casa de playa, aún le falta una vacuna más y que la esterilicen porque allá, en la playa, hay bandas de perros. Perros de todos los tipos, pitbuls cruzados con chitzús, o mutaciones ya con otros animales. Todos salvajes, todos quieren procear. Mi perrito Vato también quiere procrear. Como yo, aún cree que puede encontrar el amor. Pero la Keiko la va a tener difícil en la playa. Por eso es importante que la esterilicen. Obviamente, no le han consultado a ella si quiere ser esterilizada y dejar de tener la opción de procrear en el futuro. Me lo consultaron a mí y yo tuve que hacer números. Entre la vacuna y su esterilizada, me dijeron que mejor la lleve a la facultad de veterinaria de la San Marcos, en Salamanca. Que ahí los alumnos pagaban por practicar con tu mascota.

Mientras iba en el taxi el taxista me preguntó por quién iba a votar.
Por qué, maestro. Le respondí. Por si acaso soy periodista maestrito. Mientras acariciaba a la Keiko y de paso iba limpiando las manchas de sangre que iba dejando en el carro. 
Porque de lo que he preguntado el día de hoy usted es el 31. Y como 25 van a votar por Castillo. 
La cosa está bien jodida profe. Intenté matizar su experimento.
Me dan ganas de pegarles. Chibolos huevones, me da ganas de bajarlos de mi carro. Me dijo ofuzcado. Parece que no han vivido el terrorismo estos chibolos. Tamadre, on. 
Así es maestrito, hay descontento. 
Yo voy a votar por Keiko señor. Porque no quiero que los venecos me caguen la plaza.
Pienso igual amigo. Yo también creo en Keiko. Mientras Keiko me lamía la mano y luego se lamía la cosa. 

viernes, abril 09, 2021

CAIMANES DEL MISMO POZO

Casa de 'Villa Coca' en la actualidad adquirida por una familia emprendedora circense. Nótese los colores de la fachada. 


Yo crecí en el barrio de Villa Coca. 
Al lado derecho vivía 'El Padrino' Reynaldo Rodríguez López. Cuya casa explotó resultando ser un laboratorio de drogas. Nosotros jugábamos partido en la  pista, en ese entonces no había mucho tráfico de autos y por la explosión salió volando disparado un hombre en llamas, cayó al suelo, nos vio y se fue corriendo. Al rato llegó la policía y el resto está en internet. 
Al lado izquierdo vivía Abimael Guzmán, líder de Sendero Luminoso, y cuando lo encontraron en la casa vecina y lo presentaron en televisión con su pijama de rayas comenzaron a tirar bombas por el barrio.
Nosotros ya estábamos acostumbrados entonces a las explosiones, por cualquier lado de donde viniera. 

Mi papá era un profesional independiente en crecimiento. Le iba muy bien en los negocios y sus planes de expansión incluyeron nuevos rumbos fuera de casa. 

Entonces nosotros, sus hijos, nos convertimos en parlamentarios de oposición. Cual bancada fujimorista, íbamos con mi papá a comer a algún restaurante y pedíamos lo más caro. Y para joder más: pedíamos adicional para llevarle a mi mamá.

La convicción política a un nivel doméstico se instauró en el drama familiar, si ibas con la pareja de mi padre, entonces eras un traidor. Y en ese juego, mi papá seguía creciendo como profesional. Hasta que un colega le propuso postular al Colegio de Contadores, como vicedecano.

Yo estudiaba Contabilidad en una universidad particular y mi papá me había comprado un auto del año por ingresar en buen puesto. Pero ya cuando comenzaron  los cursos de verdad, mi rendimiendo se fue en picada. 

Me frustraba mucho no poder rendir en los números mientras mi padre se convertía en una eminencia. Sus dictámenes de auditoría se comenzaban a publicar como libros, y se presentaban en hoteles a donde íbamos como sus hijos, futuros profesionales como él. 

También comenzó a escribir una columna en la revista Gente, que en ese entonces era una de las más leídas del Perú y donde él era gerente. Se titulaba BUFETE TRIBUTARIO y escribía de temas contables. Entonces el dueño de la revista, el señor Escardó, le dijo que su columna se había convertido en la más leída de la revista.
Pero no era que la leían muchos lectores, sino que el mismo lector tenía que leerlo varias veces para entenderlo.

En ese contexto fue que mi papá decide postular al vicedecanato por medio de elecciones. Las listas eran varias y las propuestas diversas. Pero su oficina de San Isidro se convirtió, de un estudio contable que revisaba todo el día libros diario, libro mayor o planillas, pasó a ser un local de campaña desde donde se realizaban llamadas para invitar a los colegiados, del colegio de contadores públicos de Lima, a votar el día sábado, y de paso votar por la dupla Virgilio-Sandoval.

Virgilio era, como mi padre, un profesional independiente pero con mucho más relaciones que mi papá. Y había sido ya dos veces decano del colegio profesional y su empresa crecía a buen ritmo. 

Pero nosotros, el equipo de campaña, que éramos los practicantes del estudio contable: la secretaria, yo, una prima, Magaly, y dos más. Y todo el día nos dedicábamos a llamar por teléfono a los colegiados a que vayan a votar. Habrá que resaltar que en ese entonces, a principios de los noventas, llamar por teléfono era una señal de estatus.

El mes de campaña fue intenso y mi padre entregó toda su energía, tanto así que acaba exhausto cada noche, después de una jornada electoral donde siempre había mucho alcohol, gente y sueños de opio. Pero sobre todo: un gritón.

La campaña la acompañaba un personaje de voz extremadamente ronca pero potente, como si fuera un parlante esterofónico de pollada bailable, el gritón se convirtió en pieza clave de aquella energía que  necesita una comunidad enardecida por las ganas de cambio. Y como mi papá era quien le pagaba al gritón, por sobre Virgilio, primaba la arenga: Sandoval!!! Sandoval!!! Sandoval!!! Como si fuera una barra brava, Sandoval!!! Sandoval!!!

Entonces Sandoval se volvió una ola libertaria. Un grito que venía de las entrañas y que emergía del cambio. Sandoval. Vamos Sandoval Vicedecano. Sandoval, vamos Sandoval !!!

Ya para el día de las elecciones, habíamos preparado unos volantes fotocopiados en blanco y negro, insistiendo en marcar la V de Victoria, pero que también era de Virgilio que también era de SANDOVAL !!!

Y desde temprano, el comando activo de calle de campaña comenzó en la votación, y commenzaron a llegar los votantes cada vez más desanimados por el acto cívico profesional. 

¿Sandoval? ¿Quién es Sandoval? Fuira de acá chibolo. Me dijeron varias veces. Otras ya no tan agresivos, pero amablemente me invitaban a alejarme de ellos, que no querían saber más de políticos. 

Nos pasamos el día volanteando hasta el final de la contienda, donde comenzaron los votos y mi papá, desde un local de campaña cercano, rodeado de ayayeros y botellas de cerveza y el gritón, esperaba los resultados. 

Eran más de 30 mesas, y las primeras que llegaban Sandoval no aparecía por ningún lado. Como a la décima mesa apareció un personero: Virgilio gana la mesa. Y volvieron las arengas: ¡¡¡Sandoval, Sandoval!!!

Pero no volvieron más buenas noticias. Habremos ganado en cinco mesas más, pero en el conteo final quedamos cuartos, o quintos. Ni siquiera estuvimos en la foto. Y mi padre aceptaba la derrota estoicamente tomándose un vaso lleno de chela. Hasta que llegó Virgilio y rodeado de más gritones y más ayayeros juró por el Perú que no iba a parar hasta cambiar la política del colegio de contadores. Y se fue, y nos fuimos quedando solos.

Lo fuimos a dejar a mi papá y nos fuimos con mi hermano Rafo y nos fuimos en uno de los carros, sacamos una caja de cerveza y nos fuimos a La Herradura. 

De ahí dejé la facultad de contabilidad y entré a comunicaciones. Y al primer semestre que acabé, me fui a practicar a la revista Gente, adonde mi padre era una leyenda. 
Hice mis prácticas la universidad me parecía un poco fácil porque venía de una facultad de números, y claro este espacio era de ideas, de figuras, de colores, imágenes. 

En tercer ciclo gracias a un compañero de aula, el poeta Rafael García Godos que era fanático del rock y tenía buenas notas como yo, entramos al tercio estudiantil que era como una cúpula de estudiantes que veíamos cosas por el bienestar de los alumnos de la facultad. 

Pero los alumnos de la facultad nos odiaban, cada vez que entrábamos aula por aula a pedir alguna cosa, como recordarles que tenían que asistir a la vacunación anual de la gripe, nos remataban a dardos de bolas de papel. Era un trabajo duro y sabíamos desde el comienzo que éramos los alumnos más impopulares. 

Entonces un día, en la oficina del tercio estudiantil, porque éramos los más odiados pero teníamos oficina propia para discutir nuestro trabajo como si fuera un reality show actual. Abriendo el cajón de la directiva anterior, encontramos, Rafael y Yo, ambos poetas y por eso mismo sin escrúpulos, un file de cartas donde la anterior directiva pedía fondos para viajar a distintos sitios del mundo. 

Que porque había el festival de estudiantes de comunicación de Bogotá, representación de la universidad. Que porque había el congreso de estudiosos de la comunicación en Guatemala, representación de la universidad. Que porque había una reunión de dirigentes en Buenos Aires, representación de la universidad. 

Nos dimos cuenta rápido que había un patrón que nosotros estábamos dispuestos a seguir: viajar con todo pagado en nombre de la unión latinoamericana de la federación de estudiantes de comunicación. 

Y cuando se dio la siguiente reunión con el decano, que era un cura infranqueable, después que todo el equipo de representación estudiantil presentó sus actividades, presentamos la carta para ir a Bogotá, al congreso de estudiantes de la región bolivariana. 
El cura vio la carta y la firmó sin dudar. Se alegró que le hayamos hablado de la federación. 

Nos fuimos a Bogotá y participé por primera vez de una asamblea bolivariana de estudiantes, con representantes de otros países hermanos, y asentimos varias cosas que ni entendíamos pero ahí estábamos disfrutanto de un tiempo de intercambio estudiantil pero también de viaje y política.

Desde tercer semestre de diez, hasta que terminé y un semestre más, me dedique ya no a estudiar sino a viajar. 
Tenía una agenda que vinculaba reuniones, participaciones en asambleas y gestiones diversas que nos llevaban a viajar por todo el continente financiado por la universidad. Era una maravilla ser estudiante. 

Tanto así que mi papá, que siempre pagó la universidad, comenzó a cuestionar esos viajes, que al final de la carrera se hicieron 15 viajes al extranjero y 26 al interior del país. A todos los lugares iba con viáticos que luego me sobraban unos meses, íbamos a buenos restaurantes y pedía a la carta como pedía cuando salía con mi papá de chico: lo más caro y para llevar. 

Sobre todo el último viaje, hacia la Habana, adonde íbamos para una reunión sin sentido  pero que para nosotros era importante asistir. Mi padre pensaba que este viaje era la consumasión de guerrilleros en lucha. Claro, éramos devotos de Hugo Chávez en ese entonces, fuimos al Foro Mundial Social, y éramos gente de lucha y palabra. Entonces ir a Cuba para nosotros era el camino natural. Pero mi padre estaba muy desconfiado de los viajes, de los fondos que recibíamos para -básicamente- vivir bien mientras terminábamos  la carrera. En Cuba vimos que Fidel siendo estudiante se tiró al monte y se hizo presidente, y creíamos que ese era el camino. Entonces yo pensaba que no necesitaba terminar la universidad para ser presidente de mi país. 

Para el último semestre, teníamos tantos viajes al extranjero que parecíamos empresarios. Bogotá, Buenos Aires, Panamá, La Paz, Santiago, Montevideo. Infinidad de historias para registrar mientras éramos estudiantes.

Para ese viaje a Cuba, al parecer ya los compañeros de aula se habían dado cuenta: había un par de sinvergüenzas que no iba a clases, pero que tenían las mejores notas y que alardeaban de sus viajes al extranjero 'sin pagar un mango'.

Y un compañero de aula, el chato 'Josh' me encaró antes de comenzar una clase:
-Qué, osea tú viajas con nuestra plata... Eres un mantenido de la política!!!

Yo no aguanté, sobre todo porque tenía unas ínfulas de ganador que me hicieron explotar. Y caí en la tentación de golpear a un correligionaio crítico. 

Terminé en problemas en la coordinación, pero en mi cabeza solo iba la idea de ir a Cuba y armar la revolución. Y fuimos a la Habana y recibimos el adoctrinamiento de Fidel. Éramos jóvenes y el futuro se veía solamente por medio del cambio radical.

Así, fuimos chavistas y luego evistas, luego humalistas y hasta que me di cuenta que había terminado la universidad, mi padre ya no estaba contento con esa circunstancia de ser estudiante habiendo culminado los estudios, y seguir viajando y seguir hablando de un futuro mejor pero sin haber entrado al camino profesional, sin haber vivido nada, solo viajes que pensábamos que eran de placer pero eran  subvencionados por la universidad que daba recursos para fortalecer los lazos estudiantiles a nivel regional. Entonces quise hacer un curriculum vitae para insertarme al mundo profesional pero vi que solo tenía recuerdos en mi cabeza. Y el único camino que me quedaba era seguir en la universidad, tal vez ya no como estudiante, como profesor podía armar mi revolución. 

viernes, abril 02, 2021