Por: Juan José Sandoval.
Por un descuido mío, por dejarla húmeda en la máquina, toda mi ropa se abombó. Lo comencé a notar en los siguientes días, que sentía un olor incómodo que salía de mí mismo y me avergonzaba.
Tenía reuniones de trabajo, donde todos sentían mi mal olor. Por lo que decidí no solo volver a lavar a profundidad mi vestuario, para corroborar que lo abombado quedara desterrado de mi apariencia.
Sin embargo, la hediondez me fue persiguiendo las siguientes semanas. Hasta que me di por vencido y acepté la verdad: quien había asimilado ese olor era yo. Mi vaho había cedido al sudor espeso y se potenció con mi ropa abombada.
Esto me hizo recordar a la famosa película Parásitos, donde una familia sumamente pobre, que vive la precariedad de los suburbios, llega a entremezclarse con una familia rica, haciéndose pasar por empleados de la casa. El papá, que ha logrado ser contratado como chofer, emana un olor cuyos amos lo consideran insoportable. El chofer comprende que su olor es una marca personal de su procedencia, la representación de su pobreza.
En mi caso, esta realidad de mi apariencia coincide con la tendencia a la baja de mis ingresos como escritor. Llevo 26 años pedaleando una carrera en las letras que es cada vez menos reconocida.
Estuvo bueno ser joven poeta a los 25. Pero a los 50 ese joven poeta necesita SIS para sus pastillas. A duras penas un artista puede acceder a salud de calidad (o ¿caridad?).
Como lo ha revelado la película Un Poeta, producción de cine colombiano que plantea la radiografía de un artista decadente de la palabra, totalmente ganado a la demencia. Pero que encuentra en una joven adolescente, su alumna, en la esperanza de lograr en ella lo que él nunca pudo.
Esta presión que ejerce sobre la colegiala termina generando una situación tragicómica que humaniza a un poeta borracho y delirante, caído en desgracia profesional y próximo al olvido.
Me conmovió ver Un Poeta, me reconocí en todo momento. Aquel personaje, mantenido por su madre, sumido en la locura de su propia obra. El personaje es un alfarero de la palabra en un mundo donde la palabra no vale nada. El poeta tiene auto, casa y alimento gracias a su mamá. Pero el infortunio es parte de su día a día.
Un film súper recomendado para entender la decadencia latinoamericana. La falsa promesa en la que vivimos los artistas, que el tiempo va develando. Yo fui un alumno destacado en mi época universitaria, siempre vio la autoridad académica en mis pretensiones con la escritura un talento por pulir.
Entonces, me reclutaron para ser futuro académico universitario y me enviaron a varios países de la región. Tuve oportunidad de viajar a diversas universidades del continente, incluso nos llevaron a la Universidad de La Habana, donde preguntaron qué semestre cursaba, estaba en octavo. Me contaron que Fidel Castro dejó la universidad des séptimo y llegó al poder, y yo podía tener ese destino. Volví a Perú pensando que en la política estaba mi futuro, y que era momento de asumir la acción inmediata.
Desde entonces, vivía esperando mi momento de asumir el poder. Pero pasaron los años y me gradué. Y al dejar la universidad, se me acabaron las gollerías, los viajes y los elogios. De tener un futuro promisorio en el mundo de la literatura, pasé a ser un desempleado más, un angustiado por falta de trabajo y un resentido por el éxito de colegas de mi generación.
De pensar que podía ser presidente del país, terminé buscando chamba por internet. Mis historias y mis libros pasaron de ser una gracia a una desgracia, sus regalías generan déficit. Y cada presentación de libro se convierte en un peligro inminente a mi auto sabotaje profesional.
Queda claro que el triste destino de los intelectuales latinoamericanos es consecuencia varios factores, no todo es mala suerte. Está el paternalismo que se representa en Un Poeta a través de su madre, que lo mantiene. Pero también con la actitud del organizador del festival de poesía, que busca tapar una situación con dinero, porque teme que le quiten el auspicio del extranjero.
Dos películas que recomiendo, que pueden verse libremente en la web, y que deben motivar una reflexión urgente de la importancia (o no) de los alfareros de la palabra, de los constructores de discursos. Y entender cuánto ameritan el mal olor de su penuria. (publicado en Lima Gris el 18 de mayo de 2026
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BARRUNTO
literatura combi maldita del peru
miércoles, mayo 20, 2026
lunes, mayo 11, 2026
LA BROMA INFINITA: BREVE GLOSARIO PERUANO EN TÉRMINOS ELECTORALES
Lee la columna de Juan José Sandoval
Todo el movimiento sociocultural que viene ocurriendo en el Perú, luego de la primera vuelta electoral, ha generado un ecosistema donde se replantean nuevos conceptos. La inventiva de nuestros políticos, periodistas y asesores a la sombra, llega a niveles que la RAE ya debería comenzar a investigar. Aquí compartimos unos cuantos términos lingüísticos que desafían la gravedad mental de la lengua española.
1. Golpe democrático: Témino de ambigua acepción que busca justificar la brutalidad por sobre el derecho. Invención de la reencarnación criolla de Richie Cunningham, de la serie Días Felices, el desabrido Diego Acuña.
2. Diplomacia Militar: Innovación retórica del presunto asesino de policías, Antauro, para argumentar la posible recuperación de Tarapacá y Arica e insertarlos nuevamente al territorio peruano.
3. Morrocoy: Objeto sadomasoquista con el que el líder cristiano, Rafael López Aliaga, busca sodomizar al presidente del Jurado Nacional de Elecciones, en caso valide su fracaso electoral de este 2026. Según la ciencia tántrica, el sometido debe ponerse en posición canina, mientras Porky ejecuta la introducción del animalito de forma lenta y pausada, a fin de no producir dolor y evitar rasgados que podrían derivar en una situación de denuncia.
4. Terruco: Denominación crítica que emerge de un gran sector de Lima metropolitana, para referirse a cualquier ciudadano del sur del país, con énfasis en la similitud estética del boliviano Evo Morales.
5. Terruquear: Acción despectiva que busca el empoderamiento de la raza blanca por sobre la cobriza. En el antiguo Perú del siglo pasado, la misma acción se denominaba «cholear», pero gracias a la cultura chicha y el grupo Bareto, el tradicional «choleo» ha mutado en una condición humana que genera confianza. Del «cholo de mier..», pasamos al «cholito lindo», previa transición del «cholo sano y sagrado».
6. Gorritiano: Perteneciente a la escuela filosófica judía que habría fundado en el Perú la corriente «caviarista», la cual trasciende el espectro periodístico para impactar en el Poder Judicial. El término también es utilizado para explicar el cariz monotemático de los seguidores del Sporting Cristal que esperan convertir al Perú en potencia mundial.
7. Franja electoral: Novedosa modalidad de enriquecimiento lícito por parte de los empresarios de medios de comunicación, al recibir la bendición pecuniaria de los partidos políticos financiados por el máximo organismo electoral.
8. Pitufeo: Manifestación de ingeniería administrativa que busca camuflar apuestas millonarias por uno o varios aspirantes al poder, sin detallar la filiación política.
9. Caviar: Peruanismo que cualquier ciudadano de Francia, país donde se inventó el término, no entendería en absoluto. Para los incas, el caviar es un operador de sí mismo, que utiliza la ideología, sea de donde sea, para incrustarse en el aparato estatal a través de consultorias, órdenes de servicio o contratos CAS. Lo fundamental es la estabilidad laboral bajo de una apariencia de sensibilidad social.
10. Derecha popular: Aglutinación de fanáticos de la agresión verbal para la autodefinición libertaria. Liderada por un maradoniano personaje, cuyo desempeño a favor de López Aliaga permitió desvelar el verdadero biotipo de alguien que ha perdido la inteligencia emocional.
11. Sombrero: Simbolización del miedo que invade Lima por las madrugadas, abrazando amenazas de nueva constitución y la liberación del verdadero dueño del peligro, el profesor rural que quiso perpetuarse en Palacio, pero terminó en Barbadillo.
12. Facholo: Oscuro personaje, no por actos inmorales sino por su tez de piel, que pretende autodefinirse como alguien de derechas, pero su estatus social y apariencia devienen en un mero aspirante que se resiste a aceptar su precariedad material. El «facholismo» admira a Donald Trump, aunque viva de ilegal y refugiado en el extranjero, o crea que emprendiendo un negocio para gente pituca asegura su ingreso al Club Nacional.
13. Cojudigno: Casta especial de «therian» que se define como progresista de sólidos principios, sin embargo, sus acciones contradicen la lógica de sus argumentos, y persiste en el error con necedad. A este comportamiento errático se le complementa una absurda paranoia que lo empuja a señalar de fujimorista a todo aquel que ose con refutar sus desvaríos conceptuales.
14. Fraude electoral: Mega evento producido por el optimista Erasmo, bajo el auspicio de su canal de televisión. La implementación de un gran show de última generación, luces y sonido de máxima potencia, para disfrute masivo de la concurrencia acalorada por el clamor electoral y la sensación de robo. La multitudinaria cita compite con shows como el Ultra y el Vivo X el Rock, con cierre histriónico del candidato perdedor, a manera de premio consuelo, recibiendo el apoyo de la masa. Cada cinco años, se ha convertido en una de las puestas en escena más importantes de este lado del continente.
lunes, mayo 04, 2026
LA BROMA INFINITA: CUCURUCHO, EL ORIGINAL
Hay que tener cuidado con los falsos ídolos que aparecen en medios. Forman parte de la construcción de narrativas. Ahora me dicen crack a cualquiera que ha jugado fútbol.
Por bien y resistencia de nuestros valores, tenemos que salir a pelearla el día a día. Cada uno desde nuestro rubro. Nos hemos acostumbrado a buscar ganar el partido priorizando el cero a cero. Como buenos peruanos, hemos hecho del ratoneo una marca personal, una identidad cultural.
Felizmente hubo una época que se acerca al paraíso de nuestra historia, que evoca la poesía del fútbol peruano. Roberto Rojas es un ídolo del Alianza Lima, marcador de banda que vistió la gloriosa blanquiazul e hizo historia a finales de la década del setenta.
‘Cucurucho’ Rojas representa ese aliancismo que de pronto hemos ido perdiendo por culpa del marketing. Un verdadero crack de la pelota, jugó los equipos más importantes del país: Alianza, Cristal y Municipal. Además de jugar por la selección peruana.
Su carrera estuvo dotada de alegrías y momentos dolorosos. A los campeonatos nacionales que logró con la blanquiazul, se le suma el único torneo internacional que ha obtenido Alianza Lima, la Copa Simón Bolívar, en el 76.
Pero Roberto Rojas también fue integrante de aquel once que vivió el infortunio mundialista del 78, donde Argentina le ganó a Perú por seis a cero en un polémico encuentro que hasta ahora tiene la herida fresca.
Su fuerte vínculo con el club de La Victoria ha permitido que su imagen se mantenga vigente entre los camerinos y la hinchada. Sus vivencias con la familia ‘grone’ son recordadas por su alta calidad humana y humildad.
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Por eso la muerte de los ‘potrillos’ del Fokker, en el 87, le afectó emocionalmente. Su cercanía con los desparecidos ‘Pechito’ Farfán y ‘Caico’ González Ganoza —de cuyos hijos era padrino — y en general, todo el equipo con quienes convivió en Maute, hizo que volviera al Alianza Lima en aquel cuadro que se tuvo que rearmar en el camino, tras la tragedia.
Roberto ‘Cucurucho’ Rojas estuvo presente en el partido de vuelta, contra Independiente de Avellaneda, en un estadio victoriano que vibraba en llanto.
En su última etapa profesional, Rojas jugó en Estados Unidos por un equipo de liga inter estatal. Al retornar al Perú, se tituló como periodista en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos con la intención de dedicarse a la crónica deportiva, además de incursionar en la importación de productos deportivos.
Hasta que un accidente automovilístico en la Costa Verde le arrebató la vida, en un hecho noticioso muy similar al ocurrido con Sandro Baylón, el capitán aliancista que encontró la muerte al estrellar su vehículo.
Roberto Rojas Dávila es hijo de ‘Cucurucho’, abogado radicado en Estados Unidos, y nos cuenta que la única diferencia entre la tragedia de Baylón y la de su padre, es que Rojas ya estaba retirado de la actividad deportiva.
También recuerda haberlo visto llorar desconsoladamente tras el accidente y resalta la lealtad y unión que caracterizaba a ese grupo de ‘portillos’, quienes solían compartir reuniones familiares en su casa.
Más allá de su faceta deportiva, Roberto Rojas es evocado por su hijo como una persona humilde, amorosa y muy dedicada a su familia y amistades.
Roberto Rojas Dávila conserva con orgullo una foto de su padre con la camiseta de la selección peruana en su oficina. “Para la familia, ser aliancista trasciende lo deportivo, representa una identidad cultural y social ligada al pueblo y a la herencia afrodescendiente que mi padre siempre llevó con respeto”, añade.
Compartimos aquí una foto inédita, donde aparecen los hijos de Roberto ‘Cucurucho’ Rojas, Paulo y Roberto, junto con los futbolistas chilenos Parcko Quiroz, José Leterier y el ‘Pacho’ Huerta.
martes, enero 20, 2026
EVANGELISTA DE MÍ
Foto: Alberto "Chino" Valderrama
Con esos cuentos me inicié como escritor y no he parado de escribir furiosamente. Tecleo tan fuerte que mis teclados conviven conmigo chimuelos, sin dientes.
Hasta los 33 viví acomplejado, queriendo ser reconocido, con profundo odio maldecía a los escritores exitosos. Cuando me invitaban a con conversatorios, llevaba un trago de la selva de nombre "rompe calzón", y les daba de beber durante la conferencia. Se emborrachaban de inmediato y hablaban huevadas. Fueron mis pequeñas venganzas.
Un día me mandaron mail qué decia: "tú no me conoces a mí, pero yo sí a ti por tus libros". Era una invitación a un evento literario en Europa. No tenía plata para viajar porque sumando mi oficio literario con mis trabajos como periodista no llego nunca a fin de mes. La historia de mi obra también es el reflejo del fracaso. Fuera de mis páginas me convierto en un don nadie.
Busqué apoyo a quien siempre me lo brindó después de mi papá: el padre Juan. El cura apoyó no solo mi oficio de escritor, porque siempre que me mencionaba y hablaba de mí como escritor. Yo creo que nunca leyó Barrunto, el padre Juan es belga, aún vive aunque está viejito, sigue lúcido. Sobrevivió a la guerra mundial y vino al Perú. Como jefe de la facultad donde yo estudiaba, hizo cosas importantes, a mí me apoyó como dirigiente estudiantil y me mandó a diversos eventos por todo el continente en representación de la universidad. Mi papá me financió el primer viaje, pero luego se enteró que también me estaba auspiciando el padre Juan. Años después, cuando me mandaron a Cuba, ya no le gustó la idea a mi papá, y me cerró el caño. Igual fui porque para ese entonces me había vuelto una suerte de "Manuel Burga", el ex presidente de la FPF, el que vivía viajando mientras la selección daba pena. Yo también vivía ensimismado en mis viajes.
Esto acabó cuando me gradué y salí a la calle. En los viajes conocí gente que hoy son políticos en sus países, asesoran presidentes y son reconocidos como comunicadores. Yo esperaba llegar a esas instancias en mi país, pero apenas salí de la universidad me di cuenta que ya no tenía mis poderes, fui uno más buscando chamba.
Por eso, cuando me llegó la invitación desde Europa, estaba resentido con la vida y con mis colegas escritores, odiaba a los periodistas que no me mencionaban en sus medios. Exigía ser reconocido, pero nadie lo hacía, hasta que llegó ese mail. Lo primero que hice fue tocarle la puerta al padre Juan, hacía diez años que no lo veía pero se acordó de mí. Más que un pedido fue una exigencia de mi parte, le dije que necesitaba llegar a Luxemburgo a un festival mundial de literatura y lo convencí. Me fui al país más caro del mundo con unas pocas monedas y una maleta llena de experiencias para compartir.
Al volver dejé el resentimiento. Me dediqué a ser orfebre de mis palabras. Mi libro Barrunto se ha llevado al cine, al teatro y al cómic. Vivo agradecido por lo que me ha dado el supremo. No cuento con ahorros ni propiedades. No tengo hijos ni pareja. Nada me ata ni nadie me domina. Vivo de y para mi obra literaria, la resguardo.
Hace 10 años fui a grabar una entrevista a un prestigioso antropologo de la Católica, para un documental sobre el rock. Antes, le hable de mi libro Barrunto, que acababa de salir en versión cómic, entonces me dijo conocerlo y que sus alumnos le habían hablado del libro. "Estoy hablando con una leyenda", aclaró el doctor y me cagó el autoestima. Desde esa vez siento que ya no existo como persona, que hay una imagen que se ha posicionado sola, que tiene vida propia y que cada vez más dista de mí, de lo que soy o lo que se va extinguiendo con el tiempo. Yo estoy de paso pero queda la obra hecha, soy un predicador de mi mismo. Un evangelista de mi propio personaje.
jueves, octubre 09, 2025
SANDOVAL, LA FUNCIÓN DEBE CONTINUAR
© Juan José Sandoval.
En unos pocos días mi programa cumple 7 años. Tiempo en que prácticamente no he tenido vacaciones, así como beneficios ni sueldos, compensación por tiempo de servicios ni aguinaldos. No tengo CTS y me quedé sin AFP. Y seguro por mi edad lo más cercano que tenga es la TBC.
Fue un 5 de diciembre que arrancó el programa, mi primer invitado fue mi papá y él notó lo nervioso que estaba porque no paraba de repetir 'no?' como una cacofononía repetitiva. Estamos en vivo para todo el país, no?, gracias a nuestro auspiciador AOC, no?, la pregunta que viene es importante para los emprendedores, no?
Hasta que me dijo que me tranquilice y trate de obviar ese ansioso y notorio mote, cosa que hasta hoy no puedo. Siento que debí invitarlo porque mi padre ha estado en los momentos profesionales más importantes de mi vida.
Cuando 'debuté', él no fue quien me llevó. Fue en una pollería que se llamba Berna y quedaba en Monterrico. El local nos había dejado hacer nuestro debut como banda de rock. Teníamos quince años, el grupo Sombras se conformaba por chicos de cuarto de media y tocábamos canciones de Guns and Roses. Tocábamos muy mal, pero era una novedad histórica en el colegio y toda la promo asistió.
Mi papá estaba en una mesa con varios de sus contadores y mucha cerveza. No recuerdo haberlo saludado porque apenas acabó el show la gente nos levantó en peso y salimos cargados entre arengas siendo proclamados los nuevos reyes del rock.
Apenas terminamos el show, que duró no más de once minutos, el Berna, que era una pollería con música en vivo de la nueva ola, reordenó el escenario y comenzaron con la presentación de uno de los cantantes de los pasteles verdes. Pasamos al olvido rápidamente, pero se dio por sentado que, uno, estábamos destinados a triunfar en el arte aunque nos faltaba mucho camino por mejorar, y dos, mi papá siempre iba a estar ahí apoyándome aún sin estar de acuerdo con las cosas que estaba haciendo, como hacer música y ponerme aretes y botas de cuero para si quiera simular ser hijo del rocanrol.
Por eso, años después, cuando debí enfrentar el examen de grado para la licenciatura en comunicaciones en la universidad, le pedí que me acompañara y valoró bastante ese gesto porque permitió constatar cuánto había crecido y cómo me batía a duelo con tres doctores, buscando argumentar coherentemente lo que significaba ser un profesional del periodismo. Para ese entonces yo acababa de terminar mi libro Barrunto y sentía que me podía comer el mundo. Trabajaba en la revista GENTE contratado y la universidad me había dado la oportunidad de pertenecer al tercio estudiantil, con lo que me volví representante y pude participar en eventos universitarios en todo el continente.
Para cuando di mi examen de grado ya no era yo mismo, era una multiplicación de mis vivencias.
La estela de mi padre siempre me ha seguido porque toda su vida lo vi trabajando como independiente. Y yo seguí ese camino, un poco empujado por ser disruptivo y antisocial, pero más por la inspiración que me generó mi papá desde su estudio contable. Ser emprendedor profesional.
Por eso cuando me tocó emprender mi propia marca periodística, cuando tuve la oportunidad maravillosa de llevar las relaciones públicas de AOC, que fue por años el principal sponsor de Alianza Lima, el club que me identifica, vi que necesitaba consolidar mi carrera como conductor, pues había hecho proyectos culturales, pero con la tecnología vi la luz. Tecnología & Negocios, con los protagonistas de la innovación en el Perú.
Desde ese primer programa, entrevistando a mi papá, en Radio Miraflores Televisión, no paré. Habré entrevistado a más de 400 personas en vivo, entre ejecutivos, CEOs, gerentes, líderes, emprendedores, desarrolladores, vendedores, artistas, músicos, escritores, dramaturgos, presidentes y presidentas.
Candidatos al poder y también al poder mismo he entrevistado.
Y han ocurrido mil cosas alrededor de estos programas, que suman bastantes pero yo no sé hacer cálculos porque no soy frío calculador, sino apasionado y orate con liderazgo natural.
Desde el paso de una ambulancia con la sirena que nos tapó el audio, o que a un invitado se le haya caído un diente en vivo cuando tenía varios minutos hablando de él mismo y su película. Asistentes rampeando para corregir el cableado del audio, la cámara que se mueve, el internet que se va y se cuelga la transmisión, el invitado que llega tarde, o se asusta y le da pánico escenico y se les olvida el libreto corporativo.
Por mi parte, he podido soportar todo timpo de contratiempos porque soy escritor pero más porque soy actor. Y mi programa es mi puesta en escena que lleva siete temporadas en cartelera. Uso el mismo saco desde el primer día y la camisa la lavo cuando cambia de estación. En verano un poco más de frecuencia por el sudor. Y la corbata es de mi sobrino que usaba en los quinceañeros que se colaba todo manganzón. Utilería de primera que me ha traído suerte, porque ya vamos pasando por varios canales y seguimos incrementando networking.
Momentos tristes incluso en los que uno saca a relucir el carácter histriónico, como la pérdida de un familiar, sobre todo cuando te enteras minutos antes de salir en vivo y la muerte llega con tragedia, a manera de asesinato injusto digno de cadena perpetua, o la pena de muerte porque a una persona que, por ejemplo mi caso, una tía que siempre fue a mis presentaciones de libros, que me leyó con entusiasmo y valoró inmensamente la unión familiar, que reivindicó el apellido Sandoval a través de los años con reuniones en su casa. Entonces se hace imposible mantener la cordura, no puedes dejar de pensar en la crueldad de aquella persona que atenta contra una anciana de 88 años indefensa. Pero Sandoval tiene que salir al aire, tiene que respirar y concentrarse. Aunque la producción sugirió que no salga mi programa porque el llanto se había vuelto incontrolable y manifestaba evidente deterioro facial. Quise seguir. Me soplé los mocos, tomé agua, me eché alcohol en la cara y salí a actuar. Y di la actuación más importante de mi vida. En realidad todas y cada una son las más importantes de mi vida. Hace un año nomás, saliendo del programa tenía que enfrentar las quimioterapias de mi mamá, apoyarla en su andar pero también emocionalmente. Por dentro quebrado y frente a cámaras había que concentrarse para seguir hablando de innovación, de blockchain, de herramientas digitales, del panorama fintech.
Si he continuado la función en momentos difíciles es porque he tenido referencias anteriores que tal vez sean frivolidades. Por ejemplo Gianmarco, el cantante peruano súper exitoso, al cual respeto por su talento como compositor, cuando era joven perdió a su padre que era también cantante, pero Gianmarco tenía función, ahí en la Estación de Barranco donde empezó y donde tocaba todas las semanas. Enterró a su padre y por la noche hizo show, y fue el mejor show de la vida. Igual que Ronieco, mi amigo rockero ya fallecido, cuando enterró a su padre en la noche siguió tocando con su banda Actitud Frenética, y mientras él hacía llorar a la guitarra por su papá muerto, la gente pogueaba y se sacaba el ancho a sus pies.
Pero la situación que más recuerdo de sacrificio sobre el escenario la leí de Luis Álvarez, el primer actor peruano, que protagonizó Ollantay. En plena obra de teatro, que en ese entonces todos hacían todo, los que actuaban también movían la escenografía, el telón, luces, todos eran pulpos. Y en una situación en vivo, don Luis Álvarez tenía que maniobrar las sogas del telón, pero su dedo se quedó atascado entre las sogas y se anudó. Mientras el telón bajaba sobre las tablas, su dedo se iba hacia arriba con las sogas. Sin embargo, ensangrentado y mutilado, don Luis siguió la actuación con un trapo en la mano que cada vez más se cargaba de sangre, dándole mayor crudeza y realismo a la actuación. Que fue la mejor de su vida, pero también fue una más de su dilatada trayectoria. Una función más de un largo camino que es emprender tu trabajo con pasión incluso dando la vida por ella.
En unos pocos días mi programa cumple 7 años. Tiempo en que prácticamente no he tenido vacaciones, así como beneficios ni sueldos, compensación por tiempo de servicios ni aguinaldos. No tengo CTS y me quedé sin AFP. Y seguro por mi edad lo más cercano que tenga es la TBC.
Fue un 5 de diciembre que arrancó el programa, mi primer invitado fue mi papá y él notó lo nervioso que estaba porque no paraba de repetir 'no?' como una cacofononía repetitiva. Estamos en vivo para todo el país, no?, gracias a nuestro auspiciador AOC, no?, la pregunta que viene es importante para los emprendedores, no?
Hasta que me dijo que me tranquilice y trate de obviar ese ansioso y notorio mote, cosa que hasta hoy no puedo. Siento que debí invitarlo porque mi padre ha estado en los momentos profesionales más importantes de mi vida.
Cuando 'debuté', él no fue quien me llevó. Fue en una pollería que se llamba Berna y quedaba en Monterrico. El local nos había dejado hacer nuestro debut como banda de rock. Teníamos quince años, el grupo Sombras se conformaba por chicos de cuarto de media y tocábamos canciones de Guns and Roses. Tocábamos muy mal, pero era una novedad histórica en el colegio y toda la promo asistió.
Mi papá estaba en una mesa con varios de sus contadores y mucha cerveza. No recuerdo haberlo saludado porque apenas acabó el show la gente nos levantó en peso y salimos cargados entre arengas siendo proclamados los nuevos reyes del rock.
Apenas terminamos el show, que duró no más de once minutos, el Berna, que era una pollería con música en vivo de la nueva ola, reordenó el escenario y comenzaron con la presentación de uno de los cantantes de los pasteles verdes. Pasamos al olvido rápidamente, pero se dio por sentado que, uno, estábamos destinados a triunfar en el arte aunque nos faltaba mucho camino por mejorar, y dos, mi papá siempre iba a estar ahí apoyándome aún sin estar de acuerdo con las cosas que estaba haciendo, como hacer música y ponerme aretes y botas de cuero para si quiera simular ser hijo del rocanrol.
Por eso, años después, cuando debí enfrentar el examen de grado para la licenciatura en comunicaciones en la universidad, le pedí que me acompañara y valoró bastante ese gesto porque permitió constatar cuánto había crecido y cómo me batía a duelo con tres doctores, buscando argumentar coherentemente lo que significaba ser un profesional del periodismo. Para ese entonces yo acababa de terminar mi libro Barrunto y sentía que me podía comer el mundo. Trabajaba en la revista GENTE contratado y la universidad me había dado la oportunidad de pertenecer al tercio estudiantil, con lo que me volví representante y pude participar en eventos universitarios en todo el continente.
Para cuando di mi examen de grado ya no era yo mismo, era una multiplicación de mis vivencias.
La estela de mi padre siempre me ha seguido porque toda su vida lo vi trabajando como independiente. Y yo seguí ese camino, un poco empujado por ser disruptivo y antisocial, pero más por la inspiración que me generó mi papá desde su estudio contable. Ser emprendedor profesional.
Por eso cuando me tocó emprender mi propia marca periodística, cuando tuve la oportunidad maravillosa de llevar las relaciones públicas de AOC, que fue por años el principal sponsor de Alianza Lima, el club que me identifica, vi que necesitaba consolidar mi carrera como conductor, pues había hecho proyectos culturales, pero con la tecnología vi la luz. Tecnología & Negocios, con los protagonistas de la innovación en el Perú.
Desde ese primer programa, entrevistando a mi papá, en Radio Miraflores Televisión, no paré. Habré entrevistado a más de 400 personas en vivo, entre ejecutivos, CEOs, gerentes, líderes, emprendedores, desarrolladores, vendedores, artistas, músicos, escritores, dramaturgos, presidentes y presidentas.
Candidatos al poder y también al poder mismo he entrevistado.
Y han ocurrido mil cosas alrededor de estos programas, que suman bastantes pero yo no sé hacer cálculos porque no soy frío calculador, sino apasionado y orate con liderazgo natural.
Desde el paso de una ambulancia con la sirena que nos tapó el audio, o que a un invitado se le haya caído un diente en vivo cuando tenía varios minutos hablando de él mismo y su película. Asistentes rampeando para corregir el cableado del audio, la cámara que se mueve, el internet que se va y se cuelga la transmisión, el invitado que llega tarde, o se asusta y le da pánico escenico y se les olvida el libreto corporativo.
Por mi parte, he podido soportar todo timpo de contratiempos porque soy escritor pero más porque soy actor. Y mi programa es mi puesta en escena que lleva siete temporadas en cartelera. Uso el mismo saco desde el primer día y la camisa la lavo cuando cambia de estación. En verano un poco más de frecuencia por el sudor. Y la corbata es de mi sobrino que usaba en los quinceañeros que se colaba todo manganzón. Utilería de primera que me ha traído suerte, porque ya vamos pasando por varios canales y seguimos incrementando networking.
Momentos tristes incluso en los que uno saca a relucir el carácter histriónico, como la pérdida de un familiar, sobre todo cuando te enteras minutos antes de salir en vivo y la muerte llega con tragedia, a manera de asesinato injusto digno de cadena perpetua, o la pena de muerte porque a una persona que, por ejemplo mi caso, una tía que siempre fue a mis presentaciones de libros, que me leyó con entusiasmo y valoró inmensamente la unión familiar, que reivindicó el apellido Sandoval a través de los años con reuniones en su casa. Entonces se hace imposible mantener la cordura, no puedes dejar de pensar en la crueldad de aquella persona que atenta contra una anciana de 88 años indefensa. Pero Sandoval tiene que salir al aire, tiene que respirar y concentrarse. Aunque la producción sugirió que no salga mi programa porque el llanto se había vuelto incontrolable y manifestaba evidente deterioro facial. Quise seguir. Me soplé los mocos, tomé agua, me eché alcohol en la cara y salí a actuar. Y di la actuación más importante de mi vida. En realidad todas y cada una son las más importantes de mi vida. Hace un año nomás, saliendo del programa tenía que enfrentar las quimioterapias de mi mamá, apoyarla en su andar pero también emocionalmente. Por dentro quebrado y frente a cámaras había que concentrarse para seguir hablando de innovación, de blockchain, de herramientas digitales, del panorama fintech.
Si he continuado la función en momentos difíciles es porque he tenido referencias anteriores que tal vez sean frivolidades. Por ejemplo Gianmarco, el cantante peruano súper exitoso, al cual respeto por su talento como compositor, cuando era joven perdió a su padre que era también cantante, pero Gianmarco tenía función, ahí en la Estación de Barranco donde empezó y donde tocaba todas las semanas. Enterró a su padre y por la noche hizo show, y fue el mejor show de la vida. Igual que Ronieco, mi amigo rockero ya fallecido, cuando enterró a su padre en la noche siguió tocando con su banda Actitud Frenética, y mientras él hacía llorar a la guitarra por su papá muerto, la gente pogueaba y se sacaba el ancho a sus pies.
Pero la situación que más recuerdo de sacrificio sobre el escenario la leí de Luis Álvarez, el primer actor peruano, que protagonizó Ollantay. En plena obra de teatro, que en ese entonces todos hacían todo, los que actuaban también movían la escenografía, el telón, luces, todos eran pulpos. Y en una situación en vivo, don Luis Álvarez tenía que maniobrar las sogas del telón, pero su dedo se quedó atascado entre las sogas y se anudó. Mientras el telón bajaba sobre las tablas, su dedo se iba hacia arriba con las sogas. Sin embargo, ensangrentado y mutilado, don Luis siguió la actuación con un trapo en la mano que cada vez más se cargaba de sangre, dándole mayor crudeza y realismo a la actuación. Que fue la mejor de su vida, pero también fue una más de su dilatada trayectoria. Una función más de un largo camino que es emprender tu trabajo con pasión incluso dando la vida por ella.
jueves, mayo 29, 2025
DE PROFESIÓN, VENDE HUMO
De hecho no gusta de entrada, ni de segundo. Tal vez como postre acompañado de un elissir como dice el Coco Basile, fuerte en la mañana, no da gastritis. Blue level. En Perú, hay niveles, como dice Leslie Shaw. Yo, digamos que estoy en lo que en estética se le llama: un feíto. Una escritura que va de lo grosero a lo sutil, igual que mi cara. Es lo que hay, así aprendí a aceptarme.
Cuando estaba en la universidad me llamaron a ser parte de un proyecto de jóvenes académicos, yo pensaba, porque escribía poesía y algunos cuentos como quien hace rocanrol, ya tenía el destino hecho. Por ese entonces había conocido al poeta Verástegui y le pedí que me firmara un libro, no tenía ninguno de él porque sus libros se conseguían muy clandestinamente, pero su nombre se había convertido en una leyenda, un poeta que ganó un premio mundial y vivió becado muchos años en Europa, siendo proclamado como el nuevo José Carlos Mariátegui en París. Eso lo escribió el chileno Bolaño en un libro y lo ridiculizó. La esposa del poeta se molestó mucho y le mandó una carta a Barcelona. Eso se lo pregunté en un taller de literatura que ella dirigió y que luego me tuve que ir porque no comprendían mi poesía y me comenzaron a ver muy mal. Igual lo veían a Verástegui cuando era una estrella del rock, ganador de la Beca Gughenhein, autor de versos alucinados que combinaban matemática con el discurso político y la profundidad de una manzanilla tibia por la tarde naranja de la avenida La Colmena. El poeta me firmó un libro de Andy Warhol que le presté y lo leyó rápidamente. Puso: dedicado de un ángel a otro ángel.
Esa vaina me hizo pensar más todavía, me quemó el cerebro. Yo era un ignorante como cualquier joven cojudo de la ciudad de Lima. Aunque tenía futuro académico esa dedicatoria me hizo pensar que era un elegido. Que tal vez, si al poeta le habían dicho que iba a ser el sucesor de Jose Carlos Mariátegui, quien sabe yo podía ser el sucesor de Aldo Mariátegui. ¡La cagada !
Así anduve años pensando que iba a ser poeta como Verástegui y que en una de esas me ganaba una beca, pero nunca llegó la buena suerte y más bien mi tiempo de académico se iba diluyendo mientras sentía que perdía los días, no sabía por dónde empezar, que mirar. Solo sabía que tenía un proyecto de tesis sobre la jerga en el diario Trome, leer el periódico era lo único que me alegraba el día, mi abuela leía las noticias de jubilados, mi mamá llenaba el crucigrama y yo leía el bombardero y la seño María, además del Búho, que por ahí llegúe a conocer, como también al fotógrafo Gary aunque no me lo crean muchas personas. Al final, el Trome limpiaba lo que el Vato orinaba en la sala.
El proyecto de tesis no avanzó nunca, pero esos tres años de buen sueldo y tiempo libre lo usé para escribir Barrunto, cosa que cuando me botaron de la universidad invertí mi liquidación en un tiraje de mi libro. El editor recontra estafador recibió la plata y me dijo que en un mes me entregaba mis ejemplares. Pasaron seis y meses y en ese trance se murió mi abuela, no le pude enseñar mi libro. Me quedé sin chamba, sin abuela y sin libro. Cuando el editor recontra estafador se enteró que me habían internado por un cuadro psiquiátrico, se apareció por mi casa y dejó una caja con mis libros. Mis primeros lectores, los pacientes psiquiátricos de mi cuadra. Hasta ahora me escriben.
Me costó un par de años reinsertarme al mundo. Pero volví rencauchado, brotando ludidez y el pensamiento crítico que cargaba cuando me autodefinía como poeta volvió a mí.
Entendí que de la literatura no vive el hombre y comencé a usar mis palabras con otros fines, algunos eran honrados y bien remunerados, pero otros fueron colindantes con la inconstitucionalidad y los derechos humanos, peor aún, mal pagados. En el fondo, todas las oportunidades cargaban las dos direcciones a la vez.
En las agencias de relaciones públicas me volví un proveedor de oraciones. Ráfagas de contenido escrito que iban a parar a los diarios más importantes y las conductoras de televisión leían mis bulets sin equivocarse ni una coma.
Me encomendaron llevarle la imagen a un gerente de tecnología. El amigo era sumamente cordial y bien contactado. Sus relaciones profesionales eran de alto vuelo y manejaba un auto diferente cada semana. A veces una auto deportivo, otras una camioneta europea, luego aparecía con un meche vintage. Y así, sorprendía con su carima y exquisitos lujos, incluso contó que por años vivió en un hotel, cuando era manager de un grupo axe brasilero. Le cai bien al amigo y se alegró tanto por conseguirla una entrevista en El Comercio que me invitó una parrilla.
En dos meses, con tres o cuatro entrevistas y mucho rebote de medios, logré que el amigo se convierta en un referente de la tecnología. Lo comenzaron a llamar directamente de programas de televisión, donde podía hablar de hologramas.
El amigo había creado un holograma que hablaba con inteligencia artifical, eso cuando ni siquiera se hablaba de inteligencia artificial. El holograba bailaba y hablaba, interactuando con la gente.
El día del lanzamiento en el Jockey Plaza llegó Chibolín, era muy amigo del amigo, se saludaron con beso en la mejilla y se abrazó con un amigo más que tenía pinta de talibán chinchano, me pareció raro el pata porque sacaba unas chequeras a cada rato y comenzaba a contar las páginas de cheques para que vieran que 'él era el hombre'. El evento iba bien pero del otro lado del Jockey comenzó a sonar la alarma, había un incendio que fue invadiendo de humo todo el espacio, la gente comenzó a correr, el talibán chinchano guardo rápido sus chequeras y jaló a Chibolín a buen recaudo. Mientras que de un parlante salió un niño con un micrófono corriendo y tosiendo. Era el hijo del amigo que era utilizado como la voz del 'holograma'. Curiosa forma la mía de entender la inteligencia artificial.
Creo que ahí fue que decidí fundar un programa sobre tecnología. Defraudado por la experiencia con el holograma que hablaba con IA, de la gerencia me informaron que no vuelva a tener contacto con el amigo, quien había sido expulsado de la empresa tras descubrirse malos manejos, el robo laptops y hasta el uso de celulares de la empresa para la extorsión desde una cárcel. El amigo era un delincuente consumado que se había camuflado como emprendedor de tecnología disruptiva. Cuando lo encontró la policía lo presentaron a la prensa como 'el amigo de los famosos' que se dedicaba a la extorsión. Al tiempo volvió a aparecer en la televisión, en el programa de Chibolín, le dieron un reconocimiento por su trayectoria empresarial y anunció que se casaba con una super modelo que siempre la señalaron de ejercer el oficio más antiguo del mundo. Ambos se convirtieron a la religión y se casaron, supuestamente se han convertido, al menos para los medios, gente de bien.
Traté con el tiempo de no volver a meterme en la construcción de patrañas tan arriesgadas. Pero la mafia llega y te hace una propuesta imposible de rechazar.
Mi programa andaba muy bien, entrevistaba a especialistas del sector y me permitía conseguir algunos auspicios. Incluso, me dieron un premio empresarial. Ahí conocí a un empresario italiano muy interesado en ser entrevistado. Me invitó a almorzar y me llenó de elogios al punto de generarme sospechas.
Después de la entrevista me convocó y comenzamos a mover prensa para su empresa, el italiano promocionaba la tan famosa tecnología blockchain. Su oficina estaba decorada de la Juventus, era fanático del fútbol e impresionaba con sus historias, había sido barra brava, futbolista, empresario y radicaba en Perú desde había veinte años, había sido asesor de gobernador y supuestamente traía tecnología italiana al mercado peruano, con clientes mineros. Yo quedé impresionado y a la vez motivado. Hicimos grandes notas de prensa con información que él daba durante el almuerzo o en charlas de café.
La confianza llegó a tal nivel que un día me trajo un libro de España sobre fútbol y blockchain. Había contratado a dos cyberpunks de Miraflores que combinaban su afición digital con el comercio de drogas diseño. Entraban y salían de la oficina para luego enterrarse en sus pantallas. A ellos les mandó a replicar el libro y pusieron como autor al italiano. Le cambiaron la portada y mandaron a imprimir dos mil ejemplares. Salió en el Decano hablando de tecnología italiana, se convirtió en un ícono de la avanzada de innovación en el país.
Lo raro era que cada cliente que ganaba, lo perdía en solo un mes. Ninguna empresa que lo contrataba volvía a hacerlo pasado los primeros treinta días. A los cyberpunks de Miraflores les comenzó a deber dinero, y luego hizo lo mismo conmigo. Me hizo el perro muerto.
Me quedé picón, y cuando estoy así, sobre todo cuando me cierran con plata, desato mi furia a través del teclado. Hice un flyer con su cara, su número de DNI y dirección, puse grandote 'estafador' y lo subí a las redes sociales. A los días me llamó el italiano y me amenazó con mandarme a la camorra si no borraba la publicación. Me intimidó su furia pero igual le dije miedoso que quería mi plata. En tres días me deposita un nuevo cliente de Sudáfrica. Borré la mitad y a los tres días me pagó la mitad. No volvimos a hablar. Su foto se quedó ahí flotando junto a la entrevista que le hizo el Decano.
Una vez contacté al presidente del gremio de expertos en blockchain del Perú, para pedirle una entrevista para mi programa, y rechazó la solicitud, porque no quería estar donde el italiano había estado tantas veces y había sido presentado como el precursor de la tecnología en el país. De hecho mis explicaciones no fueron suficientes para tenerlo en el programa. Pero cambiaron de presidente y el nuevo no me conocía ni sabía mi 'prontuario', menos el de mis entrevistados.
El presidente de la asociación se fue contento del canal. Todos salen contentos de mi programa, se van engalanados, brillan, tienen cara como si estuviesen rodeados de estrellitas. Salen estrellas.
Al presidente le cai bien, por lo que me recomendó a otro presidente, pero del gremio de peruanos de Silicon Valley. Era un empresario que había trabajado en las grandes marcas mundiales, economista, y en Perú lideraba una casa digital de cambio de divisas. Tenía un floro que impresionaba tanto como la caña que manejaba y la hembrita que llevaba cada vez que lo invitaba, porque lo suyo fue un amor a primera vista con la cámara.
Me contrató para que le gestione entrevistas y comenzó a salir en todos los canales. Todos le pedían su opinión sobre la caída del dólar. Si había un conflicto en otra parte del mundo, le preguntaban a él cómo repercutía en el país. Se volvió un influencer y hasta lo convocaron para conducir en televisión.
Su reputación se hizo tan sólida con las nota de prensa que redactaba para él que dejó de llamarme, ya no me necesitó más. O al menos pensó él, pero comenzaron a salir en los medios de comunicación gente que había sido estafada por el economista de Silicon Valley, víctimas que depositaron miles de dólares para cambiar a soles y nunca recibían su dinero. Gente estafada con fuertes sumas de plata para implementar franquicias, que nunca más volvían a ver su inversión.
Sin embargo, su imagen se había construído con tanta solidez que más era su fama de empresario de éxito. Pero cuando su caso llegó a la policía, cerró sus redes sociales y cambió de número. No sin antes mandarme un mensaje a pedirme ayuda. Le propuse redactar un comunicado y cobre el triple. La información que escribí fue tan impactante que salió en todos lados y prácticamente las denuncias de la gente engañada quedó en dudas.
No lo volví a ver, pero me quedó claro que podía salvar con mis palabras a cualquier pecador. Ese talento llegó a oídos del famoso doctor poder, el conocido abogado de las causas imposibles, defensor al estilo napolitano de políticos y millonarios paranóicos por la inteligencia financiera. Quien me convocó a su estudio y me preguntó si quería trabajar en Palacio. El sonido del hambre en mi barriga respondió por mí. En tres días fui presentado como asesor de gobierno y comencé a trabajar la imagen de un ministro. Cada mañana aparecían denuncias en su contra, desde antecedentes policiales por pegarle borracho a su mujer, pasando por falsa documentación de sus estudios de maestría y hasta el rumor de haber sido cobrador de combi. Todo eso tenía que responder a través de mis palabras hechas comunicados, notas de prensa, ayudas memoria y posteos que rechazaban las acusaciones.
Me fui justo cuando comenzaba a consolidarme en el puesto y el ministro comenzaba a brindarme su confianza, algo que jamás busqué porque paraba rodeado de ayayeros y nunca quise ser uno más. Lo mío no era franelearlo, sino untarlo de cemento para que no le caigan los ataque. Y cuando las acusaciones eran evidentes, sembrar humo, para distraer la situación.
sábado, marzo 22, 2025
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