lunes, octubre 31, 2022
LA GRAN TRAGEDIA DE ALIANZA LIMA
viernes, octubre 28, 2022
sábado, octubre 22, 2022
domingo, octubre 16, 2022
sábado, octubre 15, 2022
CUANDO SALÍ DE PIURA DEJÉ ENTERRADO MI CORAZÓN
Los muertos me persiguen. Me hablan a través de sus deudos. Me piden que no los deje morir en la mente de la gente, que los lleve a un plano supremo que los aleje del olvido. Por ellos es que escribo y sigo emprendiendo, sacando libros, vendiéndolos yo mismo, haciendo entregas.
Me invitaron a presentar mi libro para emprendedores a Piura. Ya perdí el encanto de ser un barrunto, un degenerador de emociones con palabras. Por eso escribo para los que necesitan esperanza. Cambié el insulto por la frase motivadora. El bagre de una descripción malevola por un calificativo que anime la sonrisa, la luz de que las cosas cambian.
El avión a Piura llegó temprano, treinta minutos antes, pero en las estructuras estructuradas un impetuoso es un peligro andante. Al piloto no lo dejaron aterrizar por llegar temprano, y tuvimos que esperar una hora de más para bajar. Yo estaba acostumbrado, he viajado por tantas situaciones difíciles. He soportado horas de vuelo, altura, frío y llano. He pasado espasmo en la playa y delirio en un glaciar. No me quejo. El periodismo y la escritura me han dado la vida que he querido vivir.
Bajé del avión y a mi frío limeño me embargó una calurosa soledad. Mi apoteósico recibimiento se remitió a recoger mi maleta al último número. Cuando salí no había taxis porque había dado la una de la tarde y el sol no los deja trabajar ni estudiar, simplemente a esa hora no hay vida. Pero pasó un taxista que accedió a llevarme al hotel Inti, adonde me habían indicado debía ir como invitado.
Para sorpresa mía, el hotel Inti era uno de los mejores de la ciudad y quedaba cerca de la plaza de armas, donde se iba a realizar la feria del libro donde presentaría mi libro.
Para sorpresa de ellos, los cuarteleros del hotel, mi nombre no les sonaba en ninguna lista de invitados, ni estaban enterados de alguna feria del libro en Piura.
Llamé al número del hotel que me habían remitido y el hotel no era hotel sino hostal, hostal Inti, que estaba como a diez cuadras, al lado del cementerio.
Tomé la referencia y asumí valiente mi categoría de invitado clandestino. Y caminé bajó el sol arrastrando mis esperanzas en una maleta llena de libros y encargos para mi tía Gloria.
A mitad de camino me di cuenta que fue un error osarme a desafiar al sol piurano, y comencé a sufrir migrañas producto del calor y la luz punzante que me disparaban la cien.
Cuando llegué al cementerio aún guardaba la esperanza de encontrar un lugar bonito para escribir, si quiera para bañarme. En el camino me compré una lata de cerveza y comencé a equilibrar el sol y mis ideas. Pero el hostal Inti era un recinto de rojo y verde, como de navidad, donde la oscuridad invitaba a lo más perverso de la lujuria prostibular.
Lo seguí tomando a bien, necesitaba un baño. Cagar. Meterme el isopo. Lo mío, mi intimidad, pero las paredes rojas, la luz baja, el baño recién habilitado luego de un choque fugaz del amor al paso. Yo, un escritor consumado, consumido y consumidor. No podía soportarlo.
Pensé que el agua fría me haría entrar en razón y que debía soportar lo que dios me había dado, quise dejar entrar aire y abrí las cortinas, pero me empotré con las lápidas de un cementerio antiguo. Yo que venía de testear lo más hondo del sufrimiento mortal de mano de mis familiares que me contaban sus penas.
Temí dormir en un lugar donde me fueran a jalar los pies. Donde evoque a la muerte cuando lo que buscaba era vivir, sobrevivir.
Justo me topo con un cementerio cuando había tenido días dedicados a hablar de la muerte. Mi tía Cristina llegó a mi casa con Carla. Mi prima sigue lo que escribo y veo que disfruta escuchar pormenores de nuestro árbol ancestral. Yo no soy tan riguroso cuando investigo temas para escribir, pero veo que ella toma notas de las cosas que vinculan a nuestra familia, en Morropón, en Chulucanas, en Sullana donde nació mi mamá. Entonces mi mamá se pone a contar que su papá tiene más hijos que Bob Marley, 45 contabilizados, pero pueden ser más. Para la misa por su natalicio la invitaron y los hermanos 'buenos' la reconocieron de hermana mala a hermana buena. le dieron un cuadro y luego se olvidaron de ella. Mi mamá lo visitaba cuando era niña, iba a verlo en complicidad de su mejor amiga, la tía Eli.
Mi tía Cristina nos cuenta que fue a votar en contra de Castillo, pero se dio cuenta que le habían trafeado el voto. Le dijo a su nieta que la esperaba afuera del centro de votación, pero no le hizo caso, debían volver a casa porque su nieta tenía que salir con su enamorado.
Mi tía Cris quiso reclamar que su voto había sido manipulado en favor del comunismo que tanto temía. Pero no tenía fuerzas porque hacía nomás que su hijo mi primo Toño había muerto. Yo tenía presente a mi primo Toño porque días antes de morir de alguna manera lo hice sonreír y el cáncer al cerebro que lo estaba carcomiendo pasó a un segundo plano por un minuto. Fue cuando mi prima Carla le leyó un cuento mío y luego le mostró un video donde yo hablaba de tecnología. De alguna manera lo hizo sentir mejor. También le cantó la canción Cuando me fui de Cuba. Y lo dejaba dormir escuchando Depeche Mode. Cuando me fui de Cuba dejé enterrado mi corazón.
Para ir a Piura llamé a mi primo para que me haga el taxi al aeropuerto. Fuimos temprano mientras me iba contando los últimos días de Luchito.
Su hermano Luchito era esquizofrénico desde los veinticinco cuando tomó un ácido que le quemó el cerebro en los ochentas. Eso marcó su vida porque no volvió a tener un oficio conocido y porque cuando su papá murió, heredó la pensión de cesante como aviador. De eso vivían mi primo y su hermano Luchito. Pero la diabetes lo fue matando con los años. Cuando agonizaba ya no quisieron atenderlo en el hospital FAP y mi primo se peleó una vez más, como en los fines de semana que se trompea por ser barrista de la U contra los de alianza, contra los de Cristal, Muni o incluso entre los mismos cremas. Pero su hermano no pudo ganar el partido. De nada sirvió pegarle al enfermero, cachetear al doctor, decirle cagón conchetumadre. Igual le dije al doctor cuando mi abuela había muerto. No hay explicaciones y uno quiere encontrar los culpables inmediatos.
Durante las actividades de la feria del libro fuimos a un colegio emblemático donde estudian los mejores estudiantes del Perú. Y homenajearon a los escritores locales, pero una alumna un poco agresiva desafió que ninguno de los escritores podría hablar de nada si no han leído quién se ha robado mi queso.
Yo pensé que iba a tener mejor suerte, mi presentación era en el centro de la Plaza de Armas, pusieron sillas y armaron un estrado. Todo estaba listo para triunfar. Pero el sonido falló y el micro se apagó. Pensé que se iba a solucionar rápido, pero la presentación se tuvo que parar cinco veces. Los organizadores se acercaron a disculparse, pero ya el daño estaba hecho. Mi tía Gloria había ido con dos amigas que sumaban doscientos años, fueron temprano y se tomaron un helado en un café conocido de Piura. Se sentaron adelante. No había nadie más. Yo no sabía dónde meter la cara. Pero también debo aceptar que estoy acostumbrado al ridículo. Acabé rápido la presentación y nos fuimos a comer pollo a la brasa.
Durante la presentación del libro aproveché para hablar de uno de los artículos que aparecen en la publicación, que trata sobre el valor monetario de un abrazo. Contando la vez que la mamá de mi amigo el poeta Rafael Romero, radicado en Dublín, me pidió que le lleve como encargo un abrazo a su hijo, a quien iba a ver en unos días en Europa. Yo llevé el abrazo bien cuidado durante horas de vuelo, para llevárselo intacto como me lo envió su mamá.
Eso quise contar porque el abrazo que le debía a mi tía Gloria venía de años atrás que mi soberbia me embargaba y no lograba entender que a las mujeres se les respeta por sobre todas las cosas. Le llevé el abrazo de mi mamá que no pudo ir conmigo, pero que pronto volverá a su tierra querida y recorrer juntas Morropón, Catacaos, Chulucanas, Huancabamba, Ayabaca.
Aproveché para disculparme de alguna manera con mi tía por haber sido víctima de mi demonio literario, aquel genio incontrolable que no sabe cuando ofende intentando desafiar a la palabra.
En la presentación hubo cuatro generaciones de mi familia, mi tía Gloria, mi prima Rita. Mi sobrina Dayna y mi sobrina nieta Emma. Jamás había pasado una situación así, recuerdo que en 2012 a la presentación en la FIL de El artista de la familia fue mi tía Angelita y mi tía Cecilia Villarreal, por el lado de mi padre, y mi tía Dochi. Gente maravillosa que se convierte en el combustible de mi escritura diaria. Esa presentación en donde cantó Ronieco y al final amenizó con canciones de los Beatles. Fabuloso. Me costó tanto sacar ese libro, tanto por la ansiedad estafadora de mis editores, como por mi depresión que me llevó a intentarme ir de este mundo para siempre. 2011, esperaba más con la salida de mi libro que nunca salió, y cuando salió, ya estaba internado convulsionado de ansiedad. Muerto en vida, hecho una basura que no tiene ni libro, ni ahorros, ni sueños ni esperanzas. Perdí todo con la espera de mi ansiado libro. Me dolió tanto presentarlo en Huancayo con solo unos ejemplares con páginas en blanco. No pudiendo dejar un registro impreso de mi obra con el tan amable público del centro del país. La pasé tan bien engañando al público y luego tan mal que terminé ahorcado en un árbol de mi casa.
Me costó salir, y al año siguiente presenté el libro, ya estaba reestablecido y laboralmente encaminado, con proyectos y ganas de despertar todas las mañanas. Por eso es tan curiosa la foto que registra esta publicación, junto a mi sobrina nieta Emma, justo la fecha de octubre que hacía once años quería irme de este mundo. Y me veo ahora, comprometido con tantas cosas que si la muerte viniera solo le pediría tres minutos para hacer llamadas y delegar mil cosas para que si no estuviera todo siguiera funcionando, pero si pasara que no estuviera igual todo seguiría funcionando. Me costó entenderlo un centenar de ansiolíticos.
Cuando mi prima Carla le cantaba Cuando me fui de Cuba a mi primo Toño antes de irse de este mundo, porque había pedido como voluntad que le retiren las quimioterapias, era porque la canción hablaba de alguien que no se quería ir. Y él no se quería ir. Quería seguir aquí dando batalla a la vida.
sábado, septiembre 10, 2022
EL EMPRENDEDOR DE LAS MIL CARAS
EL
EMPRENDEDOR DE LAS MIL CARAS
Muy buenas
tardes, soy el escritor y editor Francisco León. Bienvenidos a la presentación
del libro El emprendedor de las mil caras publicado por la editorial que
lleva mi nombre.
El término emprendimiento es uno de
los más difundidos de la actualidad. Es el soporte de un país como el Perú, por
algo nos referimos a nosotros mismo diciendo: “somos un país de emprendedores”.
Emprender es arriesgarse, invertir, innovar y sobre todo trabajar arduamente.
Recuerdo el surgimiento del título,
la etiqueta, lo que vende el producto. Después de conversarlo con Juan José y
darle algunas sugerencias, se decidió a tomar la de: “El emprendedor de las mil
caras”; en obvio juego de palabras y hasta incluso homenaje al libro de Joseph
Campbell El héroe de las mil caras. Texto sobre el que me detendré. Lo
que Campbell descubrió, tras analizar libros sagrados y mitos de diversas
culturas, es que existe una estructura común en todas. Un proceso en el que el
héroe no nace, se hace. Es lo que él llamó el “monomito del viaje del héroe”.
Viaje que implica peligros, riesgos, esfuerzo, hasta la conclusión del
objetivo. Tal cual lo hace el emprendedor.
Sandoval es periodista y es el
ejercicio práctico de su profesión lo que le otorga
esa “profundidad fundamental”, que encuentro en el libro y en el resto de su
obra, que lo diferencia de otros autores; que usan similar técnica en el
abordaje de sus historias. Hablo de la primera persona. La literatura de
Sandoval está más cerca de esa tradición japonesa llamada Watakushi-shōsetsu,
traducida como “Mi novela” o lo que se entiende por “literatura
del yo”; género creado en Japón a inicios del 1900 del siglo pasado y que poco
o nada tiene que ver con esa autoficción, más aburrida que fumar papel bulky,
que nos vende las grandes transnacionales.
Para ejemplificar y dar a entender
hacia donde voy al referirme a la profundidad en este tipo de novelas en
primera persona, que toman parte de la experiencia vital del autor con una
dosis de imaginación, quiero mencionar los trabajos del Premio Nobel Kensaburo
Oé.
Por otro lado, buen hijo de la X
generation, los otros libros de Sandoval giran en torno a los ejes
preferidos de los autores de los 90. Hablo de rock, drogas y sexo. Aquí debo
subrayar que muchos de esos escritores son solo
fruto del “descuido”, del malditismo, real o fingido, y de la bohemia. Nuestro
autor, por el contrario, nos deja muy reconocible la impronta de su estilo. Logra
que el fondo y la forma se encuentren en justo equilibrio.
Como mencionó Camilo José
de Cela en una entrevista: el escritor es escritor hasta cuando sueña. No
importa qué oficio ejerza para ganarse la vida, eso es algo solo coyuntural,
que no lo desvía de su camino. Así, Juan José Sandoval es escritor siempre.
Aunque lo encontremos en el Ministerio de Transportes como jefe de imagen o
dirigiendo su programa “Tecnología y Negocios” o tocando con su banda “Los
viejitos de Barrón” o en las múltiples chambas freenlace que ocupan su
tiempo.
Él es un aporreador de teclas en
sentido literal, pues gusta pegarle al teclado, cual si luchara con una
Remington, del que extrae un beat propio. Estamos ante un hombre que
como Bukowski o Hemingway ama ponerse los guantes, aunque no contra rivales de
carne y hueso, sino contra el más duro y difícil: él mismo. No teme destruirse
si es necesario o perder amigos, a fin de lograr una obra que lo deje
satisfecho.
El emprendedor de las mil caras
nos cuenta historias de vida, crónicas, sobre el emprendimiento y es en sí
mismo un producto cultural y un emprendimiento.
Ni decálogo ni receta de “felicidad”
instantánea, sino libro de ejemplos que funcionan como espejos, en los que cada
lector podrá encontrar la imagen que más se adecúe a lo que desea ser. En los atrapantes
títulos de cada capítulo la prosa limpia, que fluye con naturalidad, de Juan
José Sandoval se luce, sea en: Movimiento bursátil de un abrazo, Los
empresaurios pueden desaparecer, un guiño al tema de Charlie García, El
ayahuasca de la innovación empresarial o Ser versátil para emprender, donde
menciona cómo conoció a Sergio Galliani, etc.
Cierro esta corta intervención
citando al autor, que en una de nuestras tantas conversas, me dijo una frase
que se hace necesaria y hace luz, en una ciudad donde la mayoría de escritores
y poetas creen que este oficio debe ser una oda al dolor, al sufrimiento, al
“apóyame hermano” así con tono lastimero, con cara de no se vende, acá nadie
lee, etc. Me dijo: “uno decide si quiere ser un escritor mendigo o un escritor
emprendedor”.
Es así que la elección está en
nuestras manos. Usemos cada gota, mucha o poca, de talento que tengamos, esos
“dones” de los que hablaba la Biblia y pongamos manos a la obra en nuestro
emprendimiento. Sea cual fuere. Es en corto: si la vida te dio limones, has
limonada.
Gracias.
Francisco
León.
miércoles, agosto 24, 2022
sábado, agosto 20, 2022
TÚ TE LO PIERDES, NADIE MÁS QUE TÚ
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| Entrevista con la cosplayer Tania Salcedo |
La vida está hecha de oportunidades. Tú ves si las utilizas o las desperdicias. Cual delantero con la nueve en la espalda, las ocasiones de gol están ahí, somos los que fallamos, somos los que tocamos la gloria o nos hundimos en el fracaso.
Tú decides, por más que te la pases echándole a culpa a todo, el autor de tu destino eres tú mismo.
A mí por ejemplo, se me pasaron tantas oportunidades que me quedé solo. No hay opción a reclamos. Pero pude haber iniciado una carrera en el mundo televisivo cuando me ofrecieron una recomendación. Entonces me pidieron por correo mi curriculum para referirlo al gerente general de Panamericana Televisión. En esos tiempos, aún de Genaro, era conocido que era un lugar de trabajo un tanto informal. Para colmo, uno de sus periodistas de apellido de fiesta electrónica, hacía un enlace en vivo cuando un ex trabajados irrumpió en la toma y con un cartel que decia GENARO PÁGAME, acaparó la imagen a gritos exigiendo que le cumplan con su sueldo.
Yo ya trabajaba en la revista Gente, tenía contrato y gollerías porque aún estudiaba. No ganaba mucho pero la riqueza venía de la experiencia que obtenía cada día que no llegaba a casa y me quedaba bebiendo tragos de canje publicitario. Yo creía que crecía. Por eso me sentí en confianza al detallar en aquel correo en que me pidieron mi CV para referirme al canal, que no estaba intereado porque era un lugar de 'cabeceros y ladrones'.
Pero el correo que me pidieron fue reenviado incluyendo el mensaje insultante. Y el gerente lo recibió y devolvió el correo respondiendo que cómo le iba a dar cabida a un sujeto que pensaba que era un canal de cabeceros. Y perdí mi oportunidad de iniciar mi carrera en un canal de televisión.
No pasaron muchos años y la soberbia no se me iba. Porque una profesora del taller de periodismo vio que tenía destreza para escribir. Entonces me propuso ir al diario Gestión, me dijo que tenía que ir tal día a tal hora, pero no fui. Es más, ni le presté atención al dato. Yo era poeta, yo ya había publicado, tenía pluma, pero era un huevón más. Como cualquiera.
La profesora nunca me perdonó el desplante. Pude haber iniciado mi carrera en el mundo de las finanzas, periodismo económico, segmentado hacia la gente que toma decisiones, pero preferí quedarme en el parque drogándome pensando que era intelectual.
La vida se pasa aprovechando y desperdiciando oportunidades. Yo vivo con mi madre a pesar que mi generación ya es abuela. Amigos míos ya suben fotos con sus hijos profesionales y con nietos radiantes. Yo me paso la vida regalando likes por el ciberespacio. Buscando algo que realmente me conmueva.
Mi mamá había enfermado y tuve que acompañarla día y noche. Entonces ella dejó de cocinar y yo me hice chef de barrio. Pero también había que barrer y limpiar todo el departamento. Apenas iba a colapsar a mi mamá le vino una hiperglicemia que la desmayó mientras se duchaba, yo no me di cuenta que tenía hora y media en el baño y el agua caliente de la terma se había consumido hacía mucho, por lo que además de la efervescencia de su azúcar se le había hecho un cuadro de hipotermia por el agua que inicialmente estaba hirviendo y luego se fue poniendo fría.
Para poder sacarla del baño tuve que levantarla en peso y con toallas y una secadora de pelo fui tratando de reanimarla, mientras venía la ambulancia que ya mis hermanos enterados del hecho gestionaron. Lo que vino después fue ambulancia, exámenes, copagos, esperar sin que nunca más te llamen. Entre que la tuve que cargar a mi mamá y le dijeron que debía quedarse unos días internada, yo había sudado tanto que me entró aire y me enfermé. Y así tosiendo seguí apoyando.
Al segundo día de estar en la clínica, por la noche recibí la llamada del doctor. Me propuso trabajar para el presidente del sombrero. Te interesa o no. Me planteó el doctor. Entonces dejé a mi madre encargada con mis hermanos, desempolvé mi terno que prácticamente usaba para velorios, y fui al día siguiente al ministerio más grande del Perú.
El doctor me llevó en cuestión de horas frente al flamante ministro de transportes. Aunque me embargaba el miedo, había un fuego dentro mío que me hacía encarar la situación con harta cancha y harta concha. Estaba decidido a asumir lo que me ofrecieran, tenía mis títulos y mis galones profesionales. Pero el asumir un cargo de confianza con un ministro de Estado era algo nuevo para mí.
Cuando lo tuve en frente, mi propia experiencia llevó la situación a conseguir su confianza. Y por ende el puesto de trabajo.
De ayudar a mi madre a arreglar su cama y ayudarle a secarse los pies pasé a tener 55 personas a mi cargo, una secretaria y tres coordinadores. Y mi terno de velorios seguía oliendo a guardado, pero mis ideas estaban candentes llenas de fuego. Mis ideas estaban afiladas y toda la experiencia que cargaba de todos los años que he sido director o líder de proyectos me abastecían la confianza.
Mis hermanos se hicieron cargo de mi viejita. Pero mi hermano el negro me fue a recoger la primera noche que asumí el cargo bajo resolución ministerial, ya era más de la medianoche y seguía firmando documentos que me ponían en frente y yo, cual Salvador Dalí, firmaba de manera industrial.
Cuando pude salir del ministerio subí al auto de mi hermano que está polarizado y yo parecía relamente un político consumado que entraba a su auto blindado, su cofre. Me dijo si quería comer algo o si me llevaba a mi casa. Pero le dije que quería ver a mi mamá. Quería contarle que había llegado mi momento.
miércoles, agosto 17, 2022
jueves, agosto 04, 2022
miércoles, agosto 03, 2022
LA FILOSOFÍA INSTAGRAMEABLE
sábado, julio 30, 2022
UN DÍA FUIMOS KIDS
miércoles, julio 27, 2022
jueves, julio 21, 2022
miércoles, julio 13, 2022
CÓMO COMPRAR UN LIBRO DE JUAN JOSÉ SANDOVAL
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