Por: Juan José Sandoval.
Por un descuido mío, por dejarla húmeda en la máquina, toda mi ropa se abombó. Lo comencé a notar en los siguientes días, que sentía un olor incómodo que salía de mí mismo y me avergonzaba.
Tenía reuniones de trabajo, donde todos sentían mi mal olor. Por lo que decidí no solo volver a lavar a profundidad mi vestuario, para corroborar que lo abombado quedara desterrado de mi apariencia.
Sin embargo, la hediondez me fue persiguiendo las siguientes semanas. Hasta que me di por vencido y acepté la verdad: quien había asimilado ese olor era yo. Mi vaho había cedido al sudor espeso y se potenció con mi ropa abombada.
Esto me hizo recordar a la famosa película Parásitos, donde una familia sumamente pobre, que vive la precariedad de los suburbios, llega a entremezclarse con una familia rica, haciéndose pasar por empleados de la casa. El papá, que ha logrado ser contratado como chofer, emana un olor cuyos amos lo consideran insoportable. El chofer comprende que su olor es una marca personal de su procedencia, la representación de su pobreza.
En mi caso, esta realidad de mi apariencia coincide con la tendencia a la baja de mis ingresos como escritor. Llevo 26 años pedaleando una carrera en las letras que es cada vez menos reconocida.
Estuvo bueno ser joven poeta a los 25. Pero a los 50 ese joven poeta necesita SIS para sus pastillas. A duras penas un artista puede acceder a salud de calidad (o ¿caridad?).
Como lo ha revelado la película Un Poeta, producción de cine colombiano que plantea la radiografía de un artista decadente de la palabra, totalmente ganado a la demencia. Pero que encuentra en una joven adolescente, su alumna, en la esperanza de lograr en ella lo que él nunca pudo.
Esta presión que ejerce sobre la colegiala termina generando una situación tragicómica que humaniza a un poeta borracho y delirante, caído en desgracia profesional y próximo al olvido.
Me conmovió ver Un Poeta, me reconocí en todo momento. Aquel personaje, mantenido por su madre, sumido en la locura de su propia obra. El personaje es un alfarero de la palabra en un mundo donde la palabra no vale nada. El poeta tiene auto, casa y alimento gracias a su mamá. Pero el infortunio es parte de su día a día.
Un film súper recomendado para entender la decadencia latinoamericana. La falsa promesa en la que vivimos los artistas, que el tiempo va develando. Yo fui un alumno destacado en mi época universitaria, siempre vio la autoridad académica en mis pretensiones con la escritura un talento por pulir.
Entonces, me reclutaron para ser futuro académico universitario y me enviaron a varios países de la región. Tuve oportunidad de viajar a diversas universidades del continente, incluso nos llevaron a la Universidad de La Habana, donde preguntaron qué semestre cursaba, estaba en octavo. Me contaron que Fidel Castro dejó la universidad des séptimo y llegó al poder, y yo podía tener ese destino. Volví a Perú pensando que en la política estaba mi futuro, y que era momento de asumir la acción inmediata.
Desde entonces, vivía esperando mi momento de asumir el poder. Pero pasaron los años y me gradué. Y al dejar la universidad, se me acabaron las gollerías, los viajes y los elogios. De tener un futuro promisorio en el mundo de la literatura, pasé a ser un desempleado más, un angustiado por falta de trabajo y un resentido por el éxito de colegas de mi generación.
De pensar que podía ser presidente del país, terminé buscando chamba por internet. Mis historias y mis libros pasaron de ser una gracia a una desgracia, sus regalías generan déficit. Y cada presentación de libro se convierte en un peligro inminente a mi auto sabotaje profesional.
Queda claro que el triste destino de los intelectuales latinoamericanos es consecuencia varios factores, no todo es mala suerte. Está el paternalismo que se representa en Un Poeta a través de su madre, que lo mantiene. Pero también con la actitud del organizador del festival de poesía, que busca tapar una situación con dinero, porque teme que le quiten el auspicio del extranjero.
Dos películas que recomiendo, que pueden verse libremente en la web, y que deben motivar una reflexión urgente de la importancia (o no) de los alfareros de la palabra, de los constructores de discursos. Y entender cuánto ameritan el mal olor de su penuria. (publicado en Lima Gris el 18 de mayo de 2026
)
.png)