lunes, mayo 24, 2004

La Bruja Maruja

Cuenta la leyenda que hacia el mil novecientos y tanto, en el distrito de San Sensato de los Mendigos de Pobre Corazón, hubo una guapa morena de figura fantasmal, que solía pasear por la plaza mayor que años después se bautizó como la Plaza El Santo de los Monguitos, y la cual, posteriormente, se le dio el sobrenombre legendario de la Plaza de los Romances de la Bruja Maruja.
Cada paseo suyo era como un desfile de aromas hipnotizantes que despertaban diversas pasiones de los caballeros que presenciaban el acto vespertino como un carnaval de excitación. La extrema belleza de la joven Maruja no solo cautivaba centenares de jóvenes pretendientes que veían en ella la felicidad hecha mujer, pues la dulzura de sus pies descalzos tintineantes, hacían su caminar de ligeros vestidos, hermosas coreografías, y el brillo de sus uñas pintadas carmesí, despertaba la alegría de algunos no tan jóvenes e incluso varios ancianos que pregonaron, a voz pública de la plaza, su admiración por la morena princesa que deleitaba las tardes limeñas. Limeñas pobres. Pobres pero honradas. Honradas, pero de pobre corazón.
Hubo cantos, poemas y densas muestras de amor hacia la bella, como aquel muchacho con retardo, enamorado a locura: osó en lanzarse desde el acantilado clavándose en la baja marea del manso mar, perdiendo la vida al instante.
Por lo estimado y conocido que fue el suicida, pues era el único joven con retardo mental en el distrito, se le rindió homenaje y se consagró como un santo, convirtiéndose en el patrono del la plaza central. Pues, desde aquella muerte, el monguito cuida de los vagabundos que pasan las noches susurrando el nombre de la morena, inventando historias sobre ella y sus romances.
Con el tiempo, la fama de la bella fue creciendo y trajo consigo extraños visitantes dispuestos a pasar horas de horas en la plaza, con tal verla pasar, de ligeros pasos y dulces piropos que alborotaban la tarde en San Sensato de los Mendigos de Pobre Corazón. De corazón sincero que ama y deja amar. De amar y mar. De mar en mar, de mar amar, y también dar.
Pero el amor se hizo escándalo, corazones rotos, divorcios y ataques cardiacos sindicaron a la bella de tener extraños poderes de atracción. Se decía que cliente que visitaba su quinta, no volvía a ser el mismo. Pues los ancestros distritales anunciaron que cuando el amor de una mujer se hace negocio, la maldad es el veneno hecho sudor de la pasión que de ella emana.
Entonces las enfermedades acecharon como plaga en los hogares nobles, y varón que contraía enfermedad alguna, era acusado de haber pasado por las manos morenas de la bella Maruja.

El Diablo llegó del distrito de Santo Porcino de los Mares, vecino indigno expulsado por ser mal hombre y desagradecido con la decencia de mujeres que cayeron en su tiranía. Dicen que la vez que el Diablo entró a la quinta, fue la primera vez que la bella Maruja aulló como una loba. Y desapareció. Los amigos de la madrugada ayudaron a recrear esta historia, pues algunos dijeron haberla visto en la plaza corriendo en cuatro patas, cual animal herida de muerte, intentando morder a los niños que tiritan en las bancas durante las madrugadas de los mendigos de pobre corazón. Ella duerme. Ella muerde. Ella Duerme. Duerme. Duerme y muerde y también muere. Y la bella se convirtió en bruja. La Bruja Maruja. Herida de amor, que desde entonces se le oye por las madrugadas, lamentándose de haber amado tanto.


Lima, enero de 2004