jueves, julio 26, 2007

Un mundo en la oscuridad


Filmar vidas no es cosa de juego. En medio de la confusión que genera esa cosa llamada globalización, uno puede morirse de frío en esta ciudad y no haber visto nunca cine boliviano, o paraguayo, o austro-chileno. Hollywood es el imperio que pisotea la retina del mundo, y los hindúes calzan esas huellas de manera galopante. No se trata de sonreír frente a una cámara y decir adiós para dejar en claro que en nuestro planeta las cosas van de maravilla. En las afueras de nuestra atmósfera deambulan pasajeros en tránsito que nos ven, a lo lejos, cómo bombardeamos nuestras propias religiones. Un platillo volador zigzaguea sobre un bar de mala muerte para ver si todavía existen gentes que escriben poesía en servilletas. No pregunten de dónde vienen esas visiones, porque en la sala todo está oscuro y nadie ve nada más que la ilusión de un proyector que ha aterrizado en nuestras nucas. Los terrícolas somos seres muy extraños, dirán: cambian el color de sus cabelleras, usan pendientes en las orejas, lengua y genitales. Visten trapos rasgados que celebran la muerte del pudor. Exhalan humo blanco en lugares multicolores mientras reciben ataques de epilepsia. A veces sus bocas se tocan en señal de algún sentimiento que aún los disidentes no logran definir. ¿Serán esos actos lo que luego generan explosiones en forma de un hongo?

Las localidades agotadas, el telón de terciopelo alzando vuelo. La magia salta al ruedo, torea con la realidad. El sonido ultraviolento, las mascarillas de oxígeno para los asmáticos del feeling. Los murmullos excitados, las niñas huyen de sus locos. Un susurro de menta se contornea por el pallar de la pequeñita oreja femenina. Las salas de cine no solo se inventaron para conmoverse con las películas. Existe una vida paralela que se escribe con cada apagón, donde la intuición se convierte en una vedette de siete décadas, mitad humano mitad espejo. De aquel espacio proyectado en lo blanco nacen nuevos mundos. Nuevos retos para la imaginación: matrimonios malditos, infidelidades adolescentes, patologías malsanas, mares de lágrimas, la felicidad de los avestruces, la psicología del ratón, las travesías al más allá de un chamán que duerme placenteramente en los intestinos de cada ciudad. Habré cortado un poco de sueños en juliana para que nuestras historias se entretengan, mientras la inspiración llega junto con el té y las galletas. Zucarina para la piel, tome cafeína, te da balas. Apague su celular o póngalo a tres gigas sobre el nivel del mal. Que empiece la fiesta: Acción.

lunes, julio 23, 2007

VIVA LA PATRIA


(Foto: Condominio, Carmona)

sábado, junio 30, 2007

LOS VIEJITOS DE BARRÓN INTERRUMPIERON FIESTA EN NIZA


Terror, escándalo y vergüenza ajena
LOS VIEJITOS DE BARRÓN SE RAYAN EN DISCOTECA
En pleno tono adolescente, rockeros interrumpieron la fiesta e interpretaron sus temas. La audiencia terminó bajándolos a la fuerza. Defensa Civil prepara un comunicado. Se desconoce si hay pérdidas humanas. Dos menores de edad perdieron la audición y se recuperan en el hospital. La Sociedad Civil alista una marcha por la paz para que la banda no vuelva a tocar nunca más.

domingo, junio 24, 2007

EL MIEDO A LA LIBERTAD


No avanzar, permanecer donde estamos, en otras palabras, apoyarnos en lo que tenemos, es muy tentador, porque sabemos lo que tenemos; podemos aferrarnos y sentirnos seguros de ello.


Sentimos miedo, y en consecuencia evitamos dar un paso hacia lo desconocido, hacia lo incierto; porque, desde luego, aunque dar un paso no nos parece peligroso después de darlo, antes de hacerlo, nos parecen muy peligrosos los aspectos desconocidos, y por ello nos causan temor. Solo lo viejo, lo conocido, es seguro.


Cada paso nuevo encierra el peligro de fracasar, y esta es una de las razones por las que se teme a la libertad.


E. Fromm.

domingo, junio 03, 2007


esTO nO tIEne NOmBrE

martes, mayo 22, 2007

En defensa de mi propia extinción


Para que no digas, pues, que hablo sólo de ti. Para que después no me vengas a matar con una batería de caníbales. Para que no digas después que yo ocasiono las cosas, que siempre echo a perder la vida de todos, las de mis amigos, las de mis novias, las de mis padres, la mía, la tuya, la recontratuya maldita. Para que veas que el miedo lo cargo en la sangre, fluye en las venas algo que debe ser como veneno porque estoy con ganas de abrir una zanja en mi muñeca y llenar un charco que después se haga océano. Después no digas que fui yo quien malogró el mundo, que infecté mi ciudad de tanta tristeza contenida. No digas que tuve la culpa de las cosas que cometí de puro edulcorado. Tu generación y mi generación se repudiarán como los capuleto con los montequeso. Los piwis y los páucar. Unos se acusan de frívolos, y los frívolos los acusan de poco divertidos. Para que cuando llegue el momento de sacar la cuenta, los números superen la realidad que vivimos hoy, que nos hace falta tantas cosas para poder salir del hoyo. Para que vengan a decirme que soy un mediocre y termino expulsado del paraíso burocrático. Para que mañana el orgullo pueda más que la razón. Para inventar nuevas palabras, nuevas formas de crear sonido. Para por fin y dios mediante, poder quedarme callado.

miércoles, mayo 09, 2007

Ahí donde vivo los viernes

Se me hace difícil pasar la noche en un lugar que no sea el mío, en una cama que no sea la mía, con la cantidad de almohadas que me gusta usar. Nunca he podido pasar una buena noche si no es en mi cama, en mi casa con mis sábanas, mi televisor y la radio.

Cuando me dijeron que viajaría todas las semanas, no repare lo difícil que se haría pasar una noche fuera de mi habitación. La primera vez, llegué a un hospedaje modesto de una sola estrella. Apenas abrí la puerta prendí la luz y una cucaracha salió disparada a esconderse entre las cortinas. Fue un saludo, pensé. Pasé la noche en vela hasta que me di cuenta que las cosas en las ciudades pequeñas comienzan mucho más temprano. Será que el sol toca la puerta desde la madrugada, o es la lechera que ofrece, o un tamalero, o los obreros que rompen las pistas. Todo comienza a oscuras.

A la siguiente semana, en el cuarto de a lado un par de hombres comenzaron a discutir pasado la medianoche. Como a las dos de la mañana, el intercambio se volvió más violento y las lámparas volaron. Se mentaron la madre, ambos estaban ebrios y peleaban por una plata que no lograban encontrar. Se escuchó que la cama la iban desarmando mientras el televisor había perdido la señal. Cuando llegó el cuartelero, ambos se habían trenzado a golpes, se echaban la culpa de ser tan bruto por haber perdido el dinero. Uno dijo habérselo dado mientras volvían al hospedaje. El otro negaba tajantemente la versión y sólo recordaba que habían estado en un bulín con unas nenitas que les gustaba mucho bailar salsa pegadita. Una se llamaba Nené y la otra Rita, llevaban minifaldas y el busto era un homenaje a las charcuterías del mundo. Bailaron buen tiempo hasta que cada uno se fue por su lado. Ambos aparecieron en el cuarto del hospedaje, sin dinero, sin maletas y con ganas de matarse entre ellos.

Para cuando amaneció, yo estaba dispuesto a renunciar.








La última semana que me quedé en ese hospedaje, el dueño del lugar estaba un poco alterado. No era mi culpa. Yo quise ser atento con él y se negó a rebajarme la tarifa. Él quería cobrarme un día más por demorarme tres horas en sacar mis cosas. Amenacé con no volver y me abrieron la puerta con una ramera sonrisa. Me fui al costado. Era más barato, más sucio y había que compartir el baño. Pagué el extra y obtuve una habitación con baño y televisor con cable. Me sentí contento con mi nuevo lugar, entonces salí a tomar unas copas y al volver no recordaba cuál era mi habitación. Saqué las llaves del bolsillo y traté de abrir una puerta. Una mujer soltó un grito asustado y comenzó a llamar a la policía: ¡Violador!, gritaba mientras yo entraba a mi cuarto rápidamente. Llegó un oficial y la señora dio su versión de los hechos. Ella había sentido una sombra que cargaba un puñal en sus manos. Ella tenía un novio muy celoso que había muerto hacía poco en un atentado a un banco. Ella decía que el novio venía a visitarla y le hacía el amor. Estaba en cinta y necesitaba dinero. El oficial se quedó un rato con ella, acompañándola y viendo una manera carnal para saldar favores de seguridad. Ella gimió bajito por el resto de la noche. Yo me había comprado audífonos y aprendí a convivir con la hostilidad.


Un día llegué tarde y no encontré habitación. Caminé un poco más allá y encontré a Cristina, que es muchachita, es bellísima, es inteligente y sobre todo tiene habilidad para los negocios. Estudia derecho, le explique que sufría un calvario todas las semanas que no dormía con mis peluches. Ella me ofreció su amistad y me rentó la habitación más alejada de la realidad: la del cuarto piso. Y desde ahí es que veo el mundo todas las semanas. Aunque el travesti que alquila la habitación del costado habla fuerte y se le escucha ahombrado, todas sus conversaciones giran en torno a los levantes que se dan en la plaza, a unos metros de mi hotel.


Siempre será mejor estar arriba de todo, aunque sea por unos cuantos metros de altura. Una señora me levanta con el sonido de su carretilla. Lleva frutas que recoge del mercado central y hace todo tipo de jugo. El público la espera en la esquina y pide también pan con queso, jamón y palta. Sabe cortar la palta como si fuera una naranja. Si fuera por ella, las mañanas las recibiría en galletas de soda y agua mineral.

sábado, abril 07, 2007

YA NO LEAS MAS

y tambien

EL ROCK DE LOS VIEJITOS DE BARRON



nuevo ROCK del pERU

NO mas leTRAS De aMOR
nO mAS guitARRas


PRESENTANDO:




producido por EL DESENCANTO

VISITA:


martes, febrero 06, 2007

LOS VIEJITOS DE BARRON EN BARRANCO


Ante una respetable audiencia de veintiocho personas, Los Viejitos de Barrón se presentaron en el Mochileros Bar, del bohemio distrito de Barranco.

jueves, febrero 01, 2007

¡ CUIDATE DEL PESIMO ESCRITOR !


viernes, enero 19, 2007

CUALQUIER COSA

Cualquiera puede tentar el amor. Un cualquiera puede lograr cruzar la línea. Cualquiera aspira lo venga. La cosa del éxito está en el intento. Mientras más lo intentes, más posibilidades habrá de lograr el éxito. El rotundo triunfo, el clímax: la cima.

Una cualquiera puede mirarte directo a la cara y hacerte ruborizar. Una cualquiera también tiene derecho a amar. Quizás con más derecho que un pobre diablo cualquiera. Con más derecho y ganas, dirán los mal pensantes. Pero uno se gana la vida como puede, o como va aprendiendo con los años. Lo intenta noche a noche, entonces una cualquiera es propensa a sonreír con delirio y llorar con desesperación al mismo tiempo. Al tiempo que vamos bailando esta piecita que suena en el parlante. Una cualquiera también tiene derecho a bailar con cualquiera que se le antoje, uno cualquiera de esos que siempre andan arrinconados con los ojos inyectados de tristeza. O alegría según sea el caso cualquiera. Pero con el brillo en la mirada de aquel que ha vivido cualquier cosa, pero ha vivido sus cositas.

Y ambos bailan cualquier cosa, cualquier ritmo, cualquier letra (¡la cosa es que te mueva!), de a poquitos se acercan los ombligos y se van tocando los gemidos, con miedo –porque cualquiera puede tener miedo en esas situaciones, sudar frío, mojarse un poquito la frente con sus mejillas, sus rulitos sudando, rulitos cualquiera- pero se juntan de casualidad y también a propósito. Cualquier ritmo es pretexto para tocarse, cualquier parte. Cuando comiencen las finales canciones de la fiesta, cualquiera podrá tomar un poco de trago y esperar que la inercia le traiga un poco de amor, cualquiera que sea. Venga, yo invito. Cualquiera tiene derecho de poner unas monedas sobre la mesa y ofrecer una cantina sin gente. Porqué no una cama. O un taller de ilusiones, con techo alto. Antiguo, contiguo.

Cualquiera hace de las suyas si apagan la luz de la alcoba. Un pretexto cualquiera, tropezarse contra sí mismo, simular ceguera, alzar los brazos y encontrar respuesta con otra cieguita que necesita de un cualquiera. Al fin y al cabo, lo que más quiere una cualquiera, es que la abracen fuerte, porque no se quiere sentir una cualquiera. Y el otro, que sí es uno cualquiera que encuentras por ahí y te abruma con sus palabras extrañas -porque jamás podrá seducir con la mirada, ni con los pies-, y te habla de duendecitos y papitas fritas que anhelan ese abrazo suplicante y desesperado.

Por último, y menos mal, hay todavía una raza casi extinta que se resiste a comportarse como un cualquiera. Y siempre andan en busca de perpetuar la especie tras los pasos de aquella que no se siente una cualquiera.

martes, enero 02, 2007

Arroz Confusión

Echa dos tasas de ira en un recipiente
Vierte lo más granulado de tu sazonada tristeza
Filetea a los enemigos
( en juliana )
((( enana )))
(((( M-A-R-C-I-A-N-A )))).

Mezcla pasión con razón y bate.
Vate chocolate.

Bate por cinco años tus palabras.
Bátete a duelo con el papel en blanco
y lograrás la cocción precisa para no seguir llorando
Para no seguir hablando
((( L-A-DRA-N-D-O )))

Para no seguir andando bastardo.

Métete en el infierno a fuego lento por unos minutos
A baño maría tus caídas más grotescas pantagruel
Pide clemencia por lo que harás cuando te perdonen las vidas que malogras día a día.

Igual, la mesa está servida para todos, menos tú y yo.

Se recomienda servir el plato con los sueños endulzados pastel
( con miel )
(( Muriel ))


Esta locura no lleva guarnición alguna que acompañe el plato, va estepario.

Maridarás la digestiva depresión con trementina y hielo seco.

No olvidar siempre bendecir los alimentos antes de ser sacrificados
celebrar el éxito con un coqueto eructo sprite.

jueves, diciembre 28, 2006

¡ Y YA LO VE !



27/12/2006. Matute.

miércoles, diciembre 13, 2006

Canción

Mi mano derecha piensa
temblorosamente torpe
y huele a ti
cada vez que tintineas mil sueños

Y anda tan sola que dan ganas
de sacarla a bailar de poquitos
para que no se dé cuenta
si me sonrojo a sus espaldas
o me convierto en Peter Pan

Mi mano derecha surca el desierto
buscando tu mando izquierda
para enredar los dedos
como tallarines cocinados por mi mamá
y apachurrar mis yemas con tus risas
hasta asfixiar tus dilemas de amor


((((( apenas escuchó decir que ya empacaba, quel autobús se iba,
él le respondió con una pregunta:

- ¿ llovía el día que morí por ti ? )))))))

martes, diciembre 12, 2006

LOS HERMANOS VENENO

domingo, diciembre 03, 2006

LITERATURA NO LITERARIA






Conversatorio
viernes 1 de diciembre de 2006
participaron: Juan Sandoval / Javier Ágreda / Cecilia Zero / Ernesto Carlín.

(des) moderó: Iván Sánchez.



martes, noviembre 07, 2006

LA RETÓRICA DEL ACOSADOR


Siempre
Dijiste
la última
palabra
de la primera vez
que me regalaste
un verso con lengua
de aquellos
que jamás se separan.

Siempre
dijiste
para llamar la atención
sin saber tú
que yo divagaba en tus rizos
abriendo sueños
con mi pequeño abrelatas.

Siempre que quieras
el mundo en tu cabeza
gira
a gritos
que no dicen nada
cuando
sonroja
el pecho
y nos duele el Perú
porque ambos somos la misma herida.

Siempre que digas
Necesito
habré inventado un mundo para ti.
Siempre
fue la última palabra que dijiste la primera vez. Siempre.




Me gustas
Cuando
Tus palabras
Me bajan
A
La tierra
Cuando
Dices no
Con sonrisitas
Y chicle
Globosrojos
Que hacen bOOm!
Y me despiertan en medio de la calle Tarata
Y vuelve el Perú
Y sus arrebatos
Sus confusiones
Sus mejillas dulces
Con hoyuelos bañados
De tus rizitos
Bailarines
(t-a-ll-a-r-i-n-e-s)

Soy unnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn soñador
Que busca la realidad durmiendo


Y me gustas
Cuando tus palabras
Me bajan a la tierra
Porque
Volver
Al mundo
Siempre
Será volver a buscarte.


DE REPENTE
cualquiera
tropieza
con la misma piedra
varias veces
traviesa
mente
una tras otra
equivocaciones
que se hacen
deliciosas
que se derriten
y
se enfurecen
cuando necesitas dopamina
para hincar tu ego megalómano
que se endulza
y coquetea con la más fácil
porque
así se vive la vida
fugaz
mente
y tu ciudad
me ofrece locura
hecha efigie de cemento
que se derrumba
a pedazos
sobre mi cara
varias veces
una tras otra
equivocaciones
que se hacen deliciosas
que se derriten
y
se enfurecen
cuando me necesitas.




Ahora que todos sabemos lo que somos y de lo que adolecemos
Ahora que sabemos quienes somos
A donde vamos

¿ Y cuándo vamos a morir ?

Los caminos errados
Las serpientes en la oscuridad
Ahora que la noche acecha y nos alimentamos con escombros de una explosiva canción de amor

Es necesario aprender de los errores que vamos regalando por el mundo.
¿Es necesario aprender de los errores que vamos regalando por el mundo?

Yo quería ser estrella para ver cómo se ve todo desde arriba

Si mañanas supiera lo que hiciste en mi corazón
La soberbia del universo ya habría hecho de ti una hormiga que llora al ritmo de la soledad.

jueves, octubre 26, 2006

ESTREPITOSIS


Por todos los seres insolentes
Por las madres tristes
los reinsertados al nosocomio de la injusticia
Por Todos los niños sin visa al paraíso
Paradisíacos basurales
Sumergidos al olor de la pobreza

Y el amor sin sal...
Condimentando penas
Para que los que nos sentimos solos
Tengamos de qué morir
De úlceras o escorbutos en el corazón.

Por los médicos y su filuda poesía.
Y cada punto que surca mi cara después de una traición

Cada fantasma
Cada terremoto pulmonar

Uno tras otro
Haciendo fila china
Para intentar fusilar mis palabras

Que seguiré viviendo...

miércoles, octubre 04, 2006

urbania 29

miércoles, septiembre 27, 2006

! HOLA CHUZO !




a ve tú, bruja, ¿ léeme el destino en esta mano ?

lunes, septiembre 18, 2006

¿QUIERES SER UN PÉSIMO ESCRITOR?



Si quieres seguir por la senda del pésimo escritor

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jueves, septiembre 14, 2006

DESDE EL OCÉANO DE MIS TRISTEZAS, ESTAS PALABRAS DE SALVACIÓN

Sapito Hinchado y Juanita la Anticuchera

Caminando estaba por el Malecón de la Rarezas, Sapito Hinchado con las manos en los bolsillos y el hocico sobresaliente, cuando vio que de la esquina salía una ligera humareda de sabor.
Se acercó curioso hasta el punto donde una guapa morena cocinaba frente a una parrilla con carbón. Eran unos trozos de carne que se veían deliciosos. La mujer los bañaba en una salsa que cada vez que la rociaba sobre el asador, las llamas saltaban de alegría.

- ¿Qué es eso? – Preguntó Sapito.
- ¡Anticuchos! – Respondió la joven cocinera, un poco atareada y chispeando fuego.

Las carnes se fueron poniendo crocantes, ella fue incrustándolas en palitos de caña y los puso sobre un plato, junto a papas sancochadas y un gran choclo que fueron cubriéndose de una crema de ají.

- ¿Te sirves uno? – Le preguntó la guapa mujer.

Sapito Hinchado bajó la mirada y buscó inútilmente alguna moneda en sus bolsillos.

- No sé – respondió triste.
- ¿Por qué no sabes?
- Primero, porque no tengo dinero. Y segundo, porque no sé si me van a caer mal, pues algunas comidas enronchan mi piel.

La muchacha cogió un palito y se lo acercó hasta sus narices, y Sapito Hinchado no pudo con la tentación de tomarlo con sus propias manos y jalar un pedazo de carne con su propia boca. Y sintió el sabor exquisito que lo hipnotizó, cerró los ojos y creyó que flotaba.

- ¡Esto es lo más rico que he comido en mi vida! – Exclamó Sapito Hinchado, lleno de alegría.

Pero de pronto, recordó que no tenía dinero para pagarlo. Peor aún, no sabía de qué estaba hecha esa carne, le podía causar alguna enfermedad.
Entonces, cabizbajo, devolvió el palito a medio comer, y dijo:

- Perdón, no puedo pagarlo.

Ella lo miró con ternura y le respondió:

- No te preocupes, yo te invito. Soy nueva aquí y necesito que me conozcan, así que acéptalo como el obsequio de tu nueva amiga. Soy Juanita la Anticuchera.

- ¡Juanita! – Exclamó Sapito con emoción.
- ¡Juanita la Anticuchera! – Corrigió la mujer.

A Sapito Hinchado le volvió la alegría a la cara y se terminó el palito de un sopetón. Pero volvieron sus miedos:

- Juanita, ¿de que se hacen los anticuchos?

Juanita vio que Sapito Hinchado era alguien que andaba siempre ocupándose de muchos problemas, nunca se quedaba tranquilo, siempre estaba mencionando la posibilidad de algo fatal. Mientras rociaba aceite sobre la parrilla y hacía bailar al fuego, la muchacha se le acercó y lo tomó de las mejillas, sintió que Sapito era un niño frágil y completamente nervioso. Él sintió las manos calientes de Juanita y su cara de pánico fue convirtiéndose en algo que aparentaba alegría.

- Los anticuchos se hacen con el corazón.


Desde entonces, cada vez que Sapito Hinchado camina por el Malecón de las Rarezas, visita la esquina de Juanita la Anticuchera, ríen juntos por horas y come decenas de palitos de anticuchos. Sabe que ningún daño le harán, pues los anticuchos se hacen con el corazón.

martes, septiembre 05, 2006

URBANIA 28



Se le comunica al público lector que las personas que viven de la mentira ya no laboran en este medio.

sábado, septiembre 02, 2006

VOLVEREMOS

sábado, agosto 19, 2006

LA COPA BAMBA

MARGEN CERO DE ARGENTINA

martes, agosto 15, 2006

URBANIA 27 MES DE AGOSTO

martes, agosto 08, 2006

Diez segundos finales de una canción de aserrín

Una chica de barrio construye un mundo de ilusiones que se abrazan -unas a otras / unas sobre otras- de mentiritas tímidas / Y sonríen cada vez que suena el timbre con el salón listo para romper corazones al ritmo de una balada triste –tipo Los Viejitos de Barrón- solo para feos / Una colilla menos en el cenicero jamás hará de ti una indecente / Unos pies bonitos que reclaman camino seguro para descansar del tedio de sus propios miedos.

Un orate sin ropa camina con los rulos mugrosos cruza la ciudad todas las noches volado en sus angustias por ella / mientras picaflores bailan al sonido de las combis que invitan a escapar de la realidad / Una chica de barrio se tragó la habitación de un telo barato conmigo adentro / y en la TV pasaba cualquier cosa porque al final nadie ve la tele cuando se revuelcan a escondidas en la mecedora de mi abuela. / Una pepita milagrosa cayó sobre la cabeza de ella / y creció un capulí de gafas negras / Con tanta lluvia que cae aquí… / el arbolito se hizo estrella musical / Se hicieron afiches full color y la chica de barrio pegó uno en su pared, que desde entonces carga un rostro angustiado por tocarla / Pefiriendo la libertad con alitas fritas de un chifa tres luca china.

Soy el salbutamol de una chica que prefiere vivir ahogándose en su propio barrio . / . Siempre busca una forma coqueta de decir no sin encontrar el dolor . . . dios ha violado todas las ilusiones de cantar en una banda de rock . / .

Las borracheras se curan con una pena... ? ? ?

viernes, junio 30, 2006

Sapito Hinchado y los pies de la capulí amarilla





Sapito Hinchado tenía una capulí amarilla que regaba todas las mañanas. Pasaban tanto tiempo juntos que se fueron haciendo muy amigos. Entonces el sapito le contaba sus cosas, y ella le inventaba historias que ambos celebraban con risas.

Siempre que salía el sol, la capulí silvestre esperaba ser bañada con gotitas calientes que caían de la regadera de Sapito. Entonces ambos se enredaban entre las ramas del arbolito y se iban jurando amor eterno.

Un día, Sapito hinchado regaba su plantita, acariciaba sus hojitas y le contaba su día de escuela. Cuando la capulí amarilla se dio cuenta que había dado un fruto agrio entre sus plantas. Entonces, observando la inmensidad de las nubes que la cubrían, dijo:

- Sapito, quiero ser grande, quiero llegar al cielo.

Y se fue creciendo y creciendo con el tiempo. Así anduvieron hasta que el invierno llegó y la capulí amarilla ya era tan alta que no se le podía oír nada. El sapito la bañaba con gotitas calientes todas las mañanas, pero nomás alcanzaba a lavar sus pies.


Las mañanas de Sapito Hinchado se fueron haciendo tristes, solo, sin tener con quién conversar. Hasta que decidió agarrar un hacha y cortar el árbol. Nunca pensó que con esto, la capulí amarilla dormiría eternamente.


Cuando pudo volver a ver su rostro nuevamente, la capulí amarilla tenía la mirada esquiva, llorosa y de dolor. Nunca pudo perdonar al Sapito Hinchado, que desde entonces, riega los pies mutilados de la capulí amarillo, les conversa de cosas bonitas y espera que algún día aquel arbolito tierno vuelva a sonreír.

sábado, junio 17, 2006

LAS RATAS DE MI CASA



LAS RATAS DE MI CASA
Juan José Sandoval
(Independiente, 2005)
54 pp.

Muy pocas veces elementos de sencillez cotidiana, algo influenciada por un contexto crudo y estilo nada prolijo, dan vida a una edición interesante. El autor, periodista y escritor peruano, Juan José Sandoval, sorprende con su ultimo trabajo titulado “Las ratas de mi casa”. Luego de su primer libro de cuentos “Barrunto” (2001), con dos ediciones agotadas y llevada al cine en el año 2004, da vida a su nueva obra, un compendio de 10 cuentos interesantes.

En su narrativa nos presenta un estilo ágil y desaforado, evocado al espíritu del autor. La obra presenta en la mayoría de los cuentos, construcciones simbólicas que se encuentran ocultas al lector, tras narraciones simples y objetivas de los hechos. Con un lenguaje áspero y a la vez extraño, Juan José intenta presentar un testimonio de los problemas de “Juanito” y de su contexto, insertándonos en una vida de cruel realismo, egoísmos e indiferencia. No desaparece el interés al empezar un nuevo cuento debido a la elocuencia del estilo; aquí se ve la capacidad o incapacidad de aprehender y aceptar la realidad en toda su dimensión, y asumir un acercamiento parcial e incompleto a su presente.

Este lenguaje algo cotidiano y la sencillez en su prosa, nos encauzan hacia un contexto bastante inseguro y problemático, pero que a su vez pueden generar en cierta forma emociones, así, aunque el autor no reúne grandes descripciones ni abundancia de adjetivos, este buen manejo de frases cortas y directas, logra encerrar una lección de vida.

De esta manera, la obra nos advierte de la realidad que a veces nos encauza a lo cotidiano, y nos enfrenta a ella misma mostrándonos los elementos más sensibles, un sentimiento presente, de repente de frustración y rabia, aunque quizá oculta; evocando a una predisposición en la representación del mundo tratado, así el lector irá de pagina en pagina, tropezando con ese mundo de sus deseos y miedos. Esta obra es una clara expresión del cambio del pensamiento y de cómo el arte y temática crean un universo que reflejan los dilemas que agobian al ser humano. (Patricia Bracamonte / Cajanegra.net)

sábado, mayo 06, 2006

UN DÍA DE COLA

mi esposa dice que yo odio a todas las mujeres. incluso a mi mamá que ya me tiene harto y todas las mañanas que amanece orinada me da más cólera todavía. tamadre.



y peor aún. dice la bruja menor, que la vieja mayor un día de estos se me puede morir. a la mierda, le respondo. le respondo y sigo comiendo mi pan con mantequilla, rápido para ir a trabajar. a la mierda, me dice: como si tú la fueras a enterrar. misio de mierda. tamadre. a comer nomás.



pero hubo un día que había que llevar a la vieja a hacer un trámite en el banco. un asunto que demoraba -por lo menos- unas tres horas. como yo soy el hermano que vive con la vieja, arrinconándola, viviendo de su pensión, dicen, vertiéndole mi veneno, también dicen, o simplemente jodiéndole la vida.



entonces fuimos temprano. ella se había preparado hacía como tres días para ir. estaba lista a primera hora, con los pañales bien puestos y bien desayunada, para aguantar la velada. el banco, aún de amanecer, era un basural de gente. puros ancianos, todos jodiéndose al otro, todos gritándose, todos quejándose. nos pusimos a la cola. éramos como el número sesentaicinco. chuchesumadre, caray. así no iré a trabajar. murmuré con preocupación. para lo que trabajas, murmuró la vieja. comenzó la joda.



la cola no avanzaba. estática, quieta. tamadre, vieja. fui a comprar un diario. lo leí todo. la cola seguía inmobil. me hice el crucigrama, nada. el horóscopo, ni mierda. tamadre. fuí a comprar maní. me cayó mal, fuí ventilarme del maní a la puerta y la cola seguía malditamente quieta. para esto, la vieja era conversa y conversa. comenzaba con que tenía tres hijos. los tres eran profesionales. uno era economista, tenía residencia en eeuu. el otro era auditor, ya tenía tres niñas y se iba por el varón. como era el más rebelde, comenzaba a contar que lo tuvo que llevar a la Normal por años. dice que le funcionó, aunque siempre va tener esos arranques... y se comenzaba a señalar la rodilla. aquí fue la primera vez. se abría un poco el escote y se señalaba con su mano: aquí también me mordió un día que llegó sampao. tamadre, vieja, cállate.



cuando habló de mí, fuí por un cigarrillo. pero escuché a lo lejos. tamadre. el tercero es el gordito de allá que fuma. sí, tiene su patilla de loco. yo siempre he sido tímido y mi mamá sabe que esas cosas me molestan. mas, me ofuzcan. recuerdo que una vez a los tres años yo me rebelé en el patio y me resistí a entrar a la casa por muchas horas. recuerdo haber carburado las peores maldades en contra de mis padres, quería que se vayan de ahí, que nos dejen en paz. que no vuelvan a lanzarse nada. tamadre. y cuando se hizo de noche, cuando ya tenía todo calculado para reporcharles lo que sentía, salió mi mamá y bastó una sonrisa para derrumbar ese odio que cargaba por nada.



él escribía sus cuentos. sí, había ganado un concurso distrital, sí. claro, también es poeta, mijo. tamadre. se acabó el cigarrillo. pero el sonso embarazó a su novia y se tuvo que casar. ahí lo tengo, pues. yo volvía y ella hablaba más bajito, pero nunca paraba de hablar.



la cola de mierda nunca avanzó. fui a reclamar allá adelante. que espere que ya el funcionario comenzaba con fuerza. tamadre. y todo para seguir manteniendo viva a la vieja. y por qué no se muere si tanto jode? por qué mejor no la mandamos al asilo? acaso se va morir ahí? pero si ahí tendrá amigas, para que juegue timba... y por qué no usamos el dinero que manda el negro para pagarle un nicho. total, si se muere, yo mismo la entierro en el jardín, eh. tamadre. vieja de mierda.



yo quemaba pensamientos. todos malos. me he percatado que cuando me altero el mal humor siempre recae en mi mamá. me dan ganar de meterle un cocacho, de abofetearla, jalarle el pelo. patearle la canilla, pisarle un dedo del pie, meterle un codazo, morderle la pierna... hacerle doler.



generalmente, cuando tengo estos pensamientos, genero un poco de gastritis y me comienzan unos dolores en la parte derecha del estómago. ya te he diiiicho, no me haces caaaaaaaaaaso, toma tu pastiiiiiilla. deja de fumar tu cigarriiiiiiito. y seguí cuchicheando con la del costado: este muchacho está igual que su padre. así andaba tenso, tenso, hasta que un día ¡pum!, se le reventó la panza. síiiiiiii. tamadre, vieja. deja de decir mentiras.



me senté un rato para sobarme el estómago. tamadre, si no fuera por la vieja esto no pasaría. ojalá te mueras. tamadre. y mi mamá seguía con el raje: mi juanito fue el que me hizo esto en el codo. ¡mamá!, salté alterado del asiento. ¡basta!, pero ella no paró de hablar con la de a lado: ya ve, ya ve? así se pone siempre. el cigarrito lo tiene así.



apenas escuché esto último, decidí regresar solo a casa. que se joda, grité saliendo. la cola comenzó a avanzar. ¡soria!, ¡ventocilla!, por acá. ¡sotelo!, por acá. ¡zapata!, no hay.

¿¡cruz cornejo arsenia!?, lanzaron por el parlante. el nombre era inconfundible.



volví con ella y del brazo me presenté en ventanilla. vengo por un poder...



yo iba mirando alrededor, los viejitos que no paraban de hablar, no paraban de saludarse y sonreírse como si se estuvieran cireando. entonces vi a una señora que cargaba pesadamente a su hijo down. y esto joven no paraba de moverse, de reír, de carcajearse y de pronto ponerse a llorar, a resondrar, a morderle el brazo a su madre. le comenzó a pisar el pie. le jaló el pelo, la arañó por el cuello, le pateó la canilla y le metió cocachos. finalmente, le escupió la cara. la señora nunca se quejó. la señora le pedía que se calme. ya, mijo, ya. juanito, ya. tranquilo. ya, juanito. el niño se alteraba más y más y volvía a golpear. ahora más fuerte. comenzaba a gritar con toda su alma y babeaba y se tiraba al suelo y lloraba de impotencia. la madre le sonreía y le pedía que se vuelva de pie. ya, mijo. tamadre.



la vieja terminó el trámite, firmó y me entregó todo el billete. yo lo metí al bolsillo sin contar. vámonos de aquí, hay mucho ladrón, le dije. ella asintió. saliendo del banco fue que me di cuenta que mi mamá era una anciana que dependía del bastón para mantenerse en pie. tamadre. a pesar de todos los golpes que ha recibido de sus hijos, aún no la hemos podido matar. tamadre. por algo será.

martes, abril 18, 2006

TU MOSTRITO

Yo también puedo escribir
Bonito
Como tú.
Sacudir tu ego
Y cortarte la cara para que me veas al espejo.

Porque soy más que tus miserias encarnadas
Tu herencia más fecunda
Merodeando fumaderos
y sueños estrellados contra el cemento de mis ideas torpes.

Puedo ser tan feo como tú y llegar a ser amado
Hasta que la muerte nos depare una mejor oportunidad para sonreir.

Voy a alimentarme de tus pantalones humedecidos por el miedo
De tus caricias caballescas
y tus borracheras mal narradas...

Después de toda la juerga,
haberte conocido no será más que la sexta vida de un gato que se resiste a dormir en cuna de oro.

Y pasarán cien años y las tristezas bailarán salsa pegadita en la oscuridad.
Y Cuasimodo será Miss Universo. Y Carevagina leerá noticias en TV.
Y mientras violas rompan en su estridencia
A mí me seguirán llamando Tu Mostrito.

domingo, marzo 26, 2006

Sapito Hinchado y su mamitis

Sapito Hinchado se puso a llorar el primer día de clases. Era la primera vez que iba al colegio, y era la primera vez que se alejaba de su mamá. Él solía dormir hasta tarde, soñando las historias más extraordinarias que nadie ha imaginado, y despertaba cargado de ilusiones y mil personajes que sólo vivían en su cabeza durante las noches.
Ella lo fue a dejar hasta la puerta, lo vistió con uniforme nuevo y le puso zapatos de tacón, "para que guardes la postura", le dijo su mamá entusiasta. "En el colegio aprenderás a ser un buen chico. Además, cuando veas todos los amigos que tendrás, serás más feliz aún".
Sapito Hinchado aún no abría bien los ojos cuando su mamá lo metió a empujones al salón de clases, entonces, se vio rodeado de muchos niños y niñas que no hacían más que gritar. Todos lo observaban raramente, sonreían sonrojados, vacilaban entre ellos hasta que la maestra llegó y lo puso al frente.
- Niños, éste es Sapito Hinchado -y lo tomó del hombro-. Será nuestro compañero.
- ¡Hola Sapito Hinchado! -gritaron todos con mucha fuerza.

Pero Sapito no pudo decir ni "pío". Se asustó, y comenzó a temblar de miedo. La maestra se dio cuenta y lo sentó en su pupitre. Le dio agua y esperó a que se calmara, pero Sapito Hinchado se puso peor, y se puso a llorar. "Quiero estar con mi mamá", suplicó entre lágrimas. "Quiero volver a mi casa, con mi mamá".

Así anduvo triste Sapito Hinchado los primeros días del colegio. Durante los recreos, mientras los otros niños salían a jugar pelota, chapita, pita con nudo y otras locuras, Sapito se quedaba sentado en su pupitre llorando, pidiendo a su mamá.
Chillaba y chillaba por horas hasta la salida, donde su mamá lo iba a recoger, y sólo ahí era que a Sapito le volvía la vida. Se le secaban los mocos y regresaba saltando a casa. Hasta el día siguiente que iba al colegio comenzaba a llorar.

La maestra le había dicho a su mamá que lo que tenía su hijo era mamitis, "un mal muy común entre los niños que quieren demasiado a su mamá. Pero se le pasará", dijo con esperanzas. Y dejaron que pasen los días a ver si mejoraba la cosa.

Un día, en el recreo, mientras los niños y las niñas salían disparados a jugar bajo la luz del sol, Sapito se acurrucó en su pupitre y comenzó a dibujar en su cuaderno, mientras iba diciéndose en voz bajita "mi mamá, yo quiero a mi mamá". Entonces oyó que alguien más decía "mamá" muy cerquita, y vio que en el salón también había una niña bajita de ojos redondos y las orejas grandes, tan grandes que flameaban lentamente como queriendo volar. "Yo también quiero estar con mi mamá", dijo la niña. Se llamaba Orejitas Tristes y también tenía mamitis. Ambos se miraron y se dieron cuenta que eran raros, que los niños que jugaban fuera en el recreo eran atléticos y fuertes, pero ellos eran diferentes y sabían dibujar mágicas figuras, porque Orejitas Tristes, al igual que Sapito Hinchado, también solía soñar historias fantásticas que luego, ya al despertar, pintaba en su cuaderno. Entonces, Sapito también le enseñó sus dibujos y animalitos que había inventado entre sueños.
Ambos sonrieron y vieron que no estaban solos, y comenzaron a salir del salón durante el recreo, y luego fueron mostrándoles sus dibujos a los demás niños, quienes también insistieron en jugar lingo, chinela, salto pirata y chapita, ahora con Sapito en el equipo. Y las niñas invitaron a Orejitas Tristes a jugar siete culebras con las demás.

A partir de entonces, durante los recreos en el colegio nadie se quedó en el salón de clases. Y los niños y las niñas jugaron al máximo, cada uno por su lado. Pero Sapito Hinchado y Orejitas Tristes se hicieron amigos de dibujo, para siempre.

miércoles, marzo 15, 2006

De cuando Sapito Hinchado no se quería bañar


A Sapito Hinchado no le gustaba bañarse porque decía que el jabón le daba
picazón y no soportaba rascarse todo el cuerpo. Cuando su mamá Sapito le
preguntaba en las mañanas si se había bañado, éste le respondía:

- Sí, mamá. Como todos los días.

Al tiempo, su mamá se dio cuenta que Sapito Hinchado llevaba grandes manchas en
la cara.

- Sapito, ¿te bañaste hoy? -le preguntó su mamá Sapito, muy preocupada.

- Sí, mamá. Como todos los días -mintió el Sapito.


Pasaron los días y su mamá vio que Sapito Hinchado llevaba grandes costras de
colores en el cuerpo. Algunas tenían pelos y se movían como medusas.

- Sapito, ¿te bañaste hoy? -le preguntó su mamá Sapito, más preocupada
aún.

- Sí, mamá. Como todos los días - volvió a mentir el Sapito.



Las manchas y costras de suciedad de Sapito Hinchado fueron creciendo tanto que
les comenzaron a crecerles bocas hambrientas. Entonces, algunas se movían como
medusas, y otras no paraban de hablar.

- ¡Somos los cochinos y venimos a comer! - Gritó una boca.

- Sí, ¡te vamos a comer! - Gritó otra medusa.



A Sapito Hinchado se lo iban a comer: primero, le echaron limón en el cuerpo.
Luego, un poco de sal.

En eso fue que la mamá Sapito escuchó un ruido y fue en busca de su hijo.
Sapito Hinchado estaba a punto de ser almorzado por sus costras y manchas cuando
su mamá le volvió a preguntar:



- Sapito, ¿estás seguro que te bañaste hoy? - Le preguntó angustiada.



Sapito Hinchado quiso decir que sí, como todos los días. Pero una boca de su
cuerpo le amenazó:

- Sapito, si no te bañas, te comeremos.



Entonces, Sapito Hinchado no tuvo otra que confesarle a su mamá que hacía un
año que no se bañaba porque decía que el jabón le daba picazón y no
soportaba rascarse todo el cuerpo. su mamá Sapito entendió, y lo bañó con
una escobilla de ropa que fue sacando las manchas y las costras de su cuerpo.



La última boca que salió del cuerpo de Sapito Hinchado, le dijo:

- Sapito, si no era por tu mamá, te comíamos con limón y sal.

martes, febrero 28, 2006

UN DÍA DE COMBI

Yo viajo en micro porque me da la gana. No importa que me tomen por imbecil, pero jamás he gozado estar en el volante. Menos, aguantar el tráfico, y peor aún, los accidentes de tránsito. Por eso, hace ya varios años que vendí mi auto y decidí estar más cerca de mi realidad.
Iba por la Javier Prado, sentado con el culo sudando cuando la combi impactó con el auto de adelante. El chofer, que tenía el volumen de su radio a full escuchando reggaeton, increpó a su cobrador de no avisarle que había que parar. El cobrador le respondió en tono desafiante que su misión es cobrar. Y en medio de su crisis apareció el dueño del carro chocado. Era un pituquito flaco con la nariz respingada y hacía cara de asco por cualquier cosa a su alrededor. Se acercó a la ventana del piloto y comenzó con el rosario de insultos: que si uno está ciego, que si uno no sabe ver la luz roja, que si uno no sabe manejar para qué se mete, que la suciedad en las calles, que los cholos de mierda. Que la policía. Y la policía ni estaba cerca, así que el conductor de la combi, entre los insultos y el desprecio de ser un serrano ignorante que le fallan los reflejos, se comenzó a dar cuenta que bien podría poner primera y escapar del lugar de los hechos. Entonces, mientras el agraviado seguía reclamándole que sus uñas se habían ensuciado por culpa de los cholos, y el cobrador de la combi le ofrecía por lo bajo diez soles de indenmización, el chofer volteó hacia el público que lo acompañaba y gritó: ¡Llevan! Y arrancó. Y como el agraviado pituquito seguía llorando por su uña rota, entre su impotencia, se lanzó dentro del auto por la ventana del conductor. Mientras que la combi avanzaba y tomaba vuelo, el pituquito agraviado quedó con las piernas colgando, flameándose como tomando forma de superman en pleno vuelo. A media cuadra cayó seco y siguió gritando por su uña rota.
La combi se fue alejando por la Javier Prado y la figura del pituco caído en el asfalto se fue achicando, como el cierre de un telón, y la combi siguió su ruta sin problema alguno. El cobrador le reclamó a su conductor la falta de responsabilidad que lo albergaba pero el público pasajero lo terminó callando con chiflidos y señales de cansancio y exasperación. Entonces no hubo otra que seguir cobrando el pasaje.

Antes de llegar a una luz roja, las señoras más adultas que viajaban en la combi avisaron con susto: ¡Ahí viene el loco! ¡Ahí viene el loco!

El auto agraviado venía detrás a toda velocidad, zigzageando atolondrado y hábido de justicia. Al llegar donde la combi, salió raudo de su vehículo, su polo lucía ensangrentado y el brazo izquierdo le colgaba en tres pedazos. Sus lentes oscuros se habían rajado y su pelo engominado era -ahora- una mata de cabello sucio y grasoso que dejaba especular en una severa calvicie.
El conductor, ni cojudo que fuera, cerró su ventana y espero sentado su sentencia. Pero cuando el pituquito quiso lanzar un puñete, el brazo no le respondió y el golpe solo manchó un poco la ventana con sangre.

En medio del tráfico vehicular, una tomba estaba dirigiendo el tránsito hasta que se dio cuenta que había un tumulto a medio metro de la avenida que ella ordenadamente mantenía caótica. Se acercó, vio al pituquito con su pelo sucio, el brazo roto, las uñas descuidadas y el auto chocado por detrás, y le pidió a la combi que se estacionara a un lado. La gente comenzó a abuchear la medida disciplinaria.
Mientras llegaban más efectivos policiales, el chofer y su cobrador insistieron que fue el pituquito quien metió el vehículo por su camino, que eran inocentes de todo y que tenían que seguir la ruta porque había público que tenía que volver a su casa. La gente apoyó este argumento con palmas solidarias, pero la tomba seguía llenando las papeletas de rigor: Choque, fuga, agresión, falta de respeto e imprudencia cívica. Antes de firmar el acta, la tomba se dio cuenta también que la combi no tenía permiso para circular, que el conductor tenía un brevete caduco y que el cobrador no había repartido boleto.
La tomba sacó la cuenta total de los daños y le ofreció al conductor un precio de ocasión para poder seguir cumpliendo con los pasajeros. El boletero, en su desesperación por solucionar el percance, juntó parte del dinero. Y como faltaba algunos soles para completar la oferta, volvió al pasillo pidiendo ayuda a los viajeros. Cuando completó el monto, la tomba esperó a que llegue la ambulancia para el pituquito y se lo lleven a emergencia. Entonces, apenas pusieron al agredido en la camilla, la tomba abrió su bolsillo y pidió que le chorreen el dinero. Volvió a su puesto de semáforo humano y la combi siguió su ruta entre aplausos de la gente que por unos cuantos minutos se sintieron satisfechos por la democracia que lograron.

Cuando cambiaron de turno en el cruce, la nueva tomba se percató que había un vehículo estacionado en medio de la pista, en la puerta había unas cuantas gotas de sangre y en el parachoques un ligero rasguño. Apenas hizo la inspección oficial, tomó su libreta de papeletas y le dejó entre las plumillas una infracción por negligencia vial, y siguió dirigiendo el tránsito caóticamente.

viernes, febrero 17, 2006

TANTAS VECES LLOSA

Pedro Llosa Vélez tiene una docena de premios como escritor. Su más reciente libro "Protocolo Rorschach" ha recibido la venia de los peruanos más prestigiosos.

Economista egresado de la U. del Pacífico, luego estudió una Maestría en Literatura Latinoamericana en San Marcos. Este escritor limeño nacido en 1975, desde hace varios años tiene presencia constante en todos los concursos literarios locales. Entre los más importantes destacan una mención en el Concurso de Dramaturgia del Teatro Nacional 2001, el premio Dedo Crítico por su libro “Viento en Proa” (en 2002 fue publicado), finalista en el Premio Nacional PUCP y tres destacadas presencias en el prestigioso Copé de Cuento.

La vida de Pedro Llosa transcurre entre los salones de un colegio y su estudio privado, donde trabaja su escritura con vocación de artesano. Ha publicado artículos en varios medios de prensa y ha participado en antologías publicadas en el extranjero. Para la presentación de su último libro “Protocolo Rorschach” (PUCP, 2005), además de la singular presencia de inquietas jovencitas, Pedro tuvo entre sus invitados a gente de primer nivel como Mario Vargas Llosa, Oswaldo Reynoso y Yolanda Westphalen.


Percy Encinas, Oswaldo, Yolanda, Pedro y Mario









¿Qué sensación te deja la presencia de los pilares de la literatura contemporánea peruana en la presentación de tu libro?
Satisfacción, sin duda. Sin embargo, al igual que las palabras de Luis Jaime en el libro, lo tomo como una simple voz de aliento para hacer lo que todavía no he hecho. Creo que la presencia de ambos es, antes que cualquier celebración por mis libros, un valioso gesto de solidaridad por haber priorizado la literatura en mi vida.

¿Cuál es el motor de tu creación literaria?
Son muchos, algunos más fuertes que otros. El primero es el placer del ejercicio mismo de la escritura. Y ahí hay muchas cosas en juego. Cuando todo lo que no es leer o escribir te pone de mal humor, es porque esa actividad concentra demasiado. Está el vicio del lenguaje, en donde disfrutas de una buena frase como el mejor manjar, está la hipnosis por la historia que quieres contar.



Finalmente, ¿qué opinas de la escena actual en lima? ¿Tienes alguna opinión respecto del debate literario entre “criollos” y “andinos”?
Creo que ha sido un año positivo para la literatura peruana. Hay un gran flujo editorial. Respecto al debate que inició Miguel Gutiérrez, me quedó una gran conclusión: el reclamo inicial es legítimo y real, aunque la discusión se llevó para otro lado. El tema no es quien escribe mal o bien; sino que hay medios de prensa excluyentes y panacales. Lo que ha faltado en el debate es un mea culpa de este lado y no una defensa basada en llamar envidiosos al resto. Incluso, dentro de este grupo, que supuestamente maneja los medios, hay quienes sí son democráticos y tratan de leerlo y comentarlo todo, y otros quienes creen que el mundo es un ayllu, en donde cualquier ajeno va a venir a achicarles la torta.

PUBLICADO EN LA REVISTA URBNAIA 21, febrero 2006. Perú.

martes, febrero 14, 2006

¡ CHÚPATE ESA !



pARA Que VEas QUe sÍ eXistEN cOsas QuE me HAceN cAlLar . . .

martes, febrero 07, 2006

EL DEBUT DE LOS VIEJITOS DE BARRÓN




En el PolloRock, en el corazón de surquillo, la banda los viejitos de barrón hicieron su debut ante una audiencia de catorce personas.
4 de febrero de 2006, lima, perú.

sábado, enero 07, 2006

edición 20

lunes, enero 02, 2006

CONFESIONES DE UN PAPEL HIGIÉNICO OLVIDADO

¿Usted cree que para mí es fácil venir hasta aquí a contarle mis miserias? ¿O acaso no se ha dado cuenta de con quién está hablando?

Mi color rosado me delata, lo sé. En mis tiempos infantes, no había cosa peor que ser negro. Y peor aún, tener que caminar por la calle mostrando esa oscura desazón. Habré conocido a más de una docena de negros en toda mi vida y jamás he rechazado el saludo de nadie, quisiera que se diga de mí que siempre fui solidario con todos mis hermanos, incluído los negros.

Ahí está la gasa del hospital, una amiga inolvidable. También recuerdo las toallas húmedas para limpiar el cutis, que andaban en amores con su médico de cabecera. Se casaron, me dijeron por ahí, como queriendo sacarme celos, pero yo sigo metido en mis desgracias y ningún doctor cura hemorroides va sacarme de mi propio juicio.

Justamente, por no acudir donde ese médico fue que me crucé con el último negro que vi en vida. Yo daba vueltas en mi propio espacio, tenía solidez tal en mi accionar que todos querían de mis servicios: bebés con "premio", niños agripados, señoras en llanto, ancianos incontinentes, perros legañosos, toda una fauna llena de ganas por darles mi alegría, mi limpieza, mi pureza.

Para ese entonces, yo me entregaba a quien me pedía. Nunca puse peros ni cuestioné para qué me usaban. Incluso, cuando fui convocado para ayudar a ese pobre negro que sufría de extreñimiento, me acerqué con las mejores intenciones. Puse mi mejilla rosada junto a su nalga de ébano, lo froté levemente y dejé que su indigestión vaya calmándose.

El pobre hombre se había olvidado decirle a su médico que la noche anterior, mientras celebraba el cumpleaños de su tía, tuvo una formidable cena: chupín de camarones como entrada, risoto de pescado y conchas de abanico como segundo, y una chirimoya de postre. Justamente, nadie le avisó al negro que las pepitas no se comían y se las terminó tragando. Entonces, nada pasó sino hasta dos días despues, que la cena no salía del estómago. Pujó un millón de veces frente a mí, sentado, con cara de compungido y dolorosamente asustado. ¿Qué me pasa?, gritaba en el baño. ¡Dios!, ¡me voy a morir!, y no dejaba el llanto.

Yo mismo tuve que atenderlo cuando cayó desamayado. sequé sus lágrimas de sangre e intenté parar la hemorragia con mis propias manos. Luego, lo acompañe hasta el consultorio, donde lo echaron un rato boca abajo, mientras le ponían los somníferos y preparaban una lavativa.

Terminada la limpieza, el pobre hombre no se pudo sentar por cuatro días. Ahí estuve yo, soportando su dolor como buen amigo que soy de la indigestión. Y como no tuve otra cosa mejor qué hacer, comencé a apuntarlo todo para venir a demostrarte que sigo vigente, que sigo firme en el baño, esperando que alguien pida por mis servicios de sanidad.

sábado, diciembre 24, 2005

LAS RATAS DE MI CASA





DE VENTA EN LA LIBRERÍA CONTRACULTURA DE MIRAFLORES.

domingo, diciembre 18, 2005

Aventura Culinaria (Y tú, ¿cuál es tu secreto?)

Tenía yo un primo que administraba una pollería. Él cuidaba la caja de doce a nueve todos los días. Y durante las mañanas, Totó, gordo, sudoroso y ojeroso de la mala vida que le ha tocado, metía los pollos a la brasa caliente.
Decían ya algunos que el restauran de Totó era el mejor de Lima. Tuvo cierta fama cuando salió, entrevistado, en la televisión. Ahí presentó a los diez millones de peruanos que éramos en ese momento, su fórmula secreta para lograr tan exquisito pollo que todo el mundo apreciaba y atragantaba a la familia completa.
Un poco de ají, un poco de cerveza, un poco de sal, pimienta, más sal. Unas gotas de aceite. Y luego de esa vez, el lugar se hizo tan conocido que llegaron familias provenientes de todos los puntos. Autos grandes, autos chicos, taxis, familias caminando, todos querían el pollo frito de Totó.
Yo quería mucho a mi primo. También íbamos con la familia a consumirle, y siempre nos hacía un descuento. Incluso, no pagues, dijo delante de mis hijos, y tuve que guardar el dinero.
Una vez llegué de noche. Menos mal, no había clientes. Totó me atendió bien, pero estaba un poco ofuscado, pues el cocinero no venía a trabajar hacía días. Los pollos estaban retrasados. Entonces me pidió que lo acompañara un rato en la cocina. Yo iba picando de unas papas fritas que recién salían del aceite caliente, cuando Totó me dijo lo siguiente:
- Primo, quiero compartir mi secreto contigo.

Le sonreí nervioso. No entendí su broma, peor aún, pues se bajó el cierre del pantalón y sacó su XXX. Seguí comiendo papas crocantes, incómodo, pero el hambre me ganaba.
- Entonces, ¿cuál es tu secreto?

Totó apuntó a los pollos encurtidos y roció un poco de su pichi bendita, mientras hacía piruetas con su XXX y tarareaba una canción de niño. Cuando terminó de descargar su vejiga, se subió el cierre y, riendo casi endemoniado, me preguntó:
- Y tú, ¿cuál es tu secreto?

domingo, noviembre 27, 2005

ARENA DE MÉXICO

Arena, suplemento cultural de Excelcior. Año 6, Tomo 6. Domingo 27 de noviembre de 2005. Número 352. México.

Microrrelatos. Quinteto.


Testimonio
de un lápiz antes
de ser desecho
Juan José Sandoval Zapata

Usted va a pensar que estoy loco, señor. Pero disculpe usted si ataranto su lógica estructural. Las hojas cuadriculadas me producen jaqueca. Por eso es que vale la pena objetarle el hecho de utilizar esa horrorosa manta matemática, para acoplarnos a la blancura infinita del bond de ciento veinte gramos. Las yemas de mis dedos se lo agradecerán, estimado señor. Venga, que le voy a contar lo que me pasó.

Verá usted, señor. Yo no era como me ve ahora. No, señor, cómo cree que pudiera tener semejante fealdad

de manera perpetua. Señor, yo le cuento, fue el tajador quien mejoró mi sonrisa. Porque la mía era una cara de lamento cuando pasó el accidente que me ocurrió, señor.

Yo iba deslizando mi carbón sulfatado por el bond. Siempre había querido ser surfista pero ya pues, señor, aquí me tiene de lápiz de tercera edad escribiendo para terceras personas.
Entonces como que el deslizarme por el bond hizo que mi pasión por la tabla se vea compensada. Yo señor, que andaba bailando en zig-zag por el papel limpio, creando poesía de alta calidad, gustoso de mi vida íntima haciendo mías las lágrimas de quienes plasmaron su verso lacrimógeno por mi cuerpo de madera respingada.

El día aquel que le quiero contar, señor, data ya de unos años. Como le decía, andaba bailando palabras hermosas por el papel: deuteronomios, acemípalos, terecoideos, anitimotina, nefelibatas, pluscuamperfectos hidrocarburados, mentecatas comestibles. Toda una delicia de creatividad en que me hallaba profuso, sumergido en mí. Toda esa felicidad corría en mí, señor, hasta que el accidente me sacó del papel.

No recuerdo bien si fue un resbalón el que me sacó del camino. O fue mi sesgo de vida. Ese sesgo que le da la poesía a quienes ríen demasiado. La tiranía del verso, que le dicen. De la frase. De la palabra. La tiranía de la locura, señor, imagínese. La locura rompió mi puntiaguda nariz. La palabra quedó incompleta, la voz fracturada. Sólo se oía mi grito de dolor.

Sacarme más punta sería soltar la guillotina en mí, consultó el escribano. No había más que mi voz de lamento, señor. Suplicaba, siquiera, terminar el poema, no ceder a la vejez, al olvido del ser humano. Yo, heredero de la pluma con tinta con la que se escribió el primer Quijote. Yo, abuelo del bolígrafo que inundó Hollywood con sus estrellas. Yo, el precursor del pincel fino que parió el lienzo.

Y me descarrilé por completo...

Primero fui a dar a una fosa común. Hice amigos, sí, algunos con la misma edad que yo.
Algunos con los mismos dolores, los mismos traumas. Jamás me había dado cuenta que mientras yo versaba, había compatriotas míos que se dedicaban al dibujo, al color, al movimiento de las figuras. ¡Estaba en otra vida!

Negarme a ser tajado fue también renunciar a mi propia obra. Igual le pasó al lápiz rojo, que después del exilio se hizo amigo mío. Quién diría, me dijo. Jamás iba pensar ser amigo de un “rojo”. Pero ya ve usted, señor, todo se paga esta vida.

Luego de la fosa, señor, no tuve otra que huir. Entonces acordé con otros compañeros mutilados que bien podíamos salir del agujero a donde nos habían metido sin consulta alguna, que la revolución es posible. Que el poder real está en nosotros mismos. Que viva el Che, viva Neruda. ¡Viva la revolución!

Y nos unimos.

De nada sirvió, señor. Aquí me tiene usted. Recogido de un tacho de basura. Revindicado por usted, dándome la oportunidad de decir que sí, que aún puedo ser el de antes. Deme tan sólo una hoja bond de ciento veinte gramos y le explico.

Aquí un ejemplo: descuajeringamiento rocanrolerizado para niños insulínos con síndrome de incontinencia verbal. ¿Usted qué dice?

domingo, noviembre 13, 2005

BARRUNPATO

viernes, noviembre 04, 2005

LOS NOMBRES DE CEAPAZ

El peruano Daniel Salas escribió en su blog hace más de diez días un texto donde se pregunta qué ha sido de la vida de los que obtuvieron premios en el concurso de CEAPAZ, que duró cuatro ediciones, y en el cual obtuve una mención honrosa.

Ya que mencionan mi nombre en algún lado de su texto, dejo aquí la respuesta que le envié y que aún sigue bailando entre las coordenadas del silencio.


estimado daniel:

yo obtuve algo más que una mención honrosa en ceapaz, me gané un conato judicial (demanda por difamación, según argumentaron) y el aborrecimiento de cada uno de los integrantes de una promoción de colegio a la cual yo, después de diez años de distancia, había desconocido totalmente.
luego de la presentación de aquel compilatorio de cuentos, titulado "el gaviota y otros cuentos", mi cuento NACHO ha circulado en fotocopia, y ha demostrado que entre los integrantes de un colegio reliogioso habitaba un renegado camuflado, ahora convertido en artista profesional.
de hecho, si es que ceapaz ayudó a presentar mediáticamente una nueva generación, luego de la experiencia mía con ceapaz, yo plagié un poemario y lo imprimí con mi nombre, para lo cual tuve que vender mi bajo eléctrico y renunciar a mi banda de rocknroll; y luego, cual gringa con su plata, vendí mi auto y publiqué de manera independiente un libro de cuentos titulado BARRUNTO.
pero ninguno obtuvo el guiño de los críticos ni de los periodistas de culturales, más sí de algunas jovencitas que, de cuando en vez, sacian mi espíritu solitario a cambio de la mestranza que me ha dejado, casualmente, la experiencia que me brindó ceapaz al otorgarme tamaño galardón.

con afecto,

juan josé sandoval zapata

miércoles, noviembre 02, 2005

EL OCASO DE LA PALABRA

ojo. a estas alturas, estoy totalmente seguro de que aquí no habita nadie. creo que hasta la directora huyó despavorida. no estoy muy seguro de haber sido el causante de este desierto. ya les dije -hace tiempo- que lo único que buscaba aquí era amor.

primero fue el invierno. luego el infierno. de ahí, toda una gama colorida de sufrimientos. juro haber derramado una que otra lágrima cuando imploré compañía. los ecos desesperados me jugaron una mala pasada. me tocó bailar conmigo mismo, algo peor que bailar con la más fea de la fiesta.

cuando crucé los límites de la cordura asumí un papel importante para el mundo, el de bufón. entonces, me dediqué a hacer reír pensando que así me hacía feliz. fui venciendo mis temores hasta que logré sacar lo mejor de mí, que en ese tiempo era la palabra. jugué con todas las letras, me enamoré de las esdrújulas, de los triptongos y sobre todo de los escupitajos. fui alcanzando madurez tal, que en el momento de darme cuenta que estaba solo en esta oscuridad, nomás me quedó seguir hablándome a mí mismo. hasta siempre.

viernes, octubre 28, 2005

La Polca de los Gordos Feos

Desde el océano de mi tristeza

A Sirenita Empachada la expulsó el mar por antipática. Ningún pez pudo soportar su olor y, entre olas mansas y mareas torrentosas, llegó a la orilla y quedó varada entre moluscos y pirañas del Balneario de Los Monguitos de Pobre Corazón.
Con la brisa, Sirenita Empachada se fue cubriendo de arena, hasta que con los años y con lo grande que era, fueron formándose unas montañitas puntiagudas donde los niños del mundo comenzaron a jugar en los veranos.

Sapito Hinchado y Tramboyito con Lentes celebraban su aniversario número cero cuando llegaron a la Playa de los Monguitos de Pobre Corazón. Los niños jugaban sobre las montañitas de la Sirenita Empachada, que para ese entonces, se dice, su alma rondaba las olas del mar llorando sus penas por haber sido expulsada de la vida marina. Era conocido que quien lograba verla, era raptado por la locura inmediatamente. Muchos de ellos preferían la muerte segura dejándose llevar por la marea otros terminaban sus días deambulando por la Plaza Mayor, sin ropas ni vergüenzas qué ocultar.

Sapito Hinchado y Tramboyito con Lentes llevaban tanto tiempo sonriéndose mutuamente que el desgaste se notó en sus alientos. Tramboyito con Lentes había jurado nunca más volver a las fiestas con ponche, mucho menos bailar Chip Hop, ni siquiera oírlo. Pues, había descubierto que aquellos sonidos diabólicos le producían descontrol feromonal. Y, así, corría el riesgo de desaparecer. Justamente, ese verano en que los tramboyos se habían puesto de moda en el Puerto, y era conocido de que a muchas tramboyitas las habían raptado para venderlas en el mercado.

Ambos subieron a lo alto de la montaña, acamparon por la tarde y mientras prendían leña, sintieron el temblor. La bulla venía del malecón, era Chip Hop.
Tramboyito con lentes miró fijamente a Sapito Hinchado, lo tomó de los cachetes y se despidió de él para siempre. Luego, se entregó a la melodía y se fue hipnotizada de amor.
Volvió a las fiestas, bebió ponche e intentó ser feliz sin tener que preocuparse de dónde dormir por las noches. El Chip Hop la adoptó como su hija más bonita y la hicieron reina. Subió al estrado y la coronaron entre aleteos excitados y chiflidos de pasión. Cuando tuvo que bailar la pieza central, eligió al más pequeñito del grupo de pretendientes que candidateaban por su dulzura. Su nombre: Castorcito de Bigotes Blancos. Ambos pasaron la noche juntos, soñando.

Al terminar la fiesta de Chip Hop los peces volvieron al mar, contentos. Algunos pasados de ponche, entre ellos: Loquito Satipeño Chicuiloteado, quien a pesar de su borrachera, divisó a Sapito Hinchado a lo alto de las montañitas de la Sirenita Empachada. Hasta ahí llegó para abrazar a su amigo y contarle lo sucedido con Tramboyito con Lentes, que para ese entonces, ya descansaba en un plato encebollado junto a Castorcito de Bigotes Blancos.

Sapito Hinchado no quiso que nadie lo vea llorar y comenzó a cavar un hoyo en la montaña.
Cuando vio que era suficiente, descargó su llanto con tanta fuerza que logró despertar a la Sirenita Empachada. Ella vio tan marchito a Sapito Hinchado que se conmovió, lo abrazó muy fuerte por instinto y le pidió quedarse a su lado para siempre. Desde entonces, Sapito Hinchado habita en las montañitas de la Sirenita Empachada, curando su enferma soledad.

viernes, octubre 21, 2005

PIRAÑITA EN RE BEMOL

no es para Ch.B.


Ella era una pobre diabla
que almorzaba la basura de toda la ciudad
y esperaba la mañana aullando en cuatro patas.
Ella bebía orines para saciar su dolor
y aún así
seguía sufriendo.

Él era un pedazo de papel higiénico manchado por la indigestión.
Ni siquiera
había conocido el sabor dulzón del desagüe,
ni las amapólicas caricias de la peste roja
y ya imploraba su muerte a las cuatro flatulencias.

Al encontrarse el uno al otro
no aguantaron sus olores mutantes,
se hicieron muecas
hasta que de tanto asquearse
se comenzaron a gustar...


Entre las cloacas de cualquier parte del mundo existirán
historias como éstas

sin que los hombres tristes reclamen nuestra porción de paraíso merecido.

(octubre, 2005)

miércoles, octubre 19, 2005

NARRATIVA COMBI DEL PERÚ




LA PRÓXIMA VEZ NACERÉ BOLIVIANO

miércoles, octubre 05, 2005

HISTORIA DE AMOR PARA VIEJOS TRISTES

a la niño


Sapito Hinchado y Tramboyito con Lentes se conocieron una tarde de fiesta donde todos bailaban menos ellos.

Sapito Hinchado y su amigo Loquito Satipeño llegaron con ilusiones de conocer gente bonita y buscar eso que los del otro lado del mundo llaman amorío.

Loquito Satipeño, como era experto en esas lides festivas, fue encaminándose por los oscuros senderos de la pasión lila; conoció a Sirena con Cuernos y la hizo su novia mientras bailaban el primer vals de la jornada.

Como Sapito Hinchado era tímido y no sabía bailar, fue arrinconándose entre la gente que sobraba de la fiesta. Gente solitaria que nomás sabía hablar de arte y beber ponche. Entonces, de tanto escuchar a esta gente, fue que terminó convirtiéndose en artista de la palabra y el brindis.

Tramboyito con Lentes había bailado unas piezas de chip hop con Castorcito de Bigotes Blancos, él le decía que era capaz de establecer la tonalidad exacta del rugido de un motor de combustión. Oído absoluto, le hizo creer.
Y a Tramboyito con Lentes se le iluminaron los cristales y su boquita carnosa se estiró de lado a lado haciendo la sonrisa más hermosa de la fiesta.

Castorcito de Bigotes Blancos siguió sintiéndose un rey de la sonoridad y comenzó a beber ponche y chupar marcianos de "shabor intensho" y beber hasta que olvidó que bailaba con Tramboyito con Lentes, que ni bien vio que a Castorcito de Bigotes Blancos se puso a tambalear de borracho y a eructar como anunciando el vómito, se hizo a un lado para que no le ensuciara el único vestido de porcelana que tenía gracias a las costuras de su mamá Tramboya con Lentes.

Pero la avalancha de líquidos estomacales fueron un torrente descarrilado que terminaron salpicando el delantal blanco de Tramboyito con Lentes.

Entre la multitud que se acercó para auxiliarla, apareció Sapito Hinchado, con un pedazo de papel higiénico en la mano e intentó limpiar el vestido. Ayudó a pararse a Tramboyito con Lentes, y antes de que a Tramboyito se le vengan las náuseas por tanto vómito que tenía encima, Sapito le dijo: Los motores de combustión no tienen tonalidad exacta. Son desafinados por la naturaleza cuántica de la mecánica. Entonces, vomitó con fuerza en la cara de Sapito Hinchado.

Tramboyito con Lentes vio que Sapito Hinchado no era tan feo. Más bien, tenía un parecido a Elvis y bien podían bailar alguna pieza de chip hop, juntos.
Ambos juntaron sus mejillas resecas por el vómito, se tomaron de la mano y se juraron soledad eterna.

Para cuando se hizo de noche, Sapito Hinchado y Tramboyito con Lentes se escondieron en un capullo y decidieron no volver nunca más a la realidad.
Sapito Hinchado dejó su inocente sueño de convertirse en príncipe después de un beso mágico, y Tramboyito con Lentes comprendió que para amar a un animal hay que saber contar los latidos de su corazón.

Jamás volvieron a las fiestas con ponche.

martes, octubre 04, 2005

CARDÓ O CENIZA

Cómo será mi piel sobre mi piel.
Cómo será mi piel junto a tu piel, cardó ceniza. Cómo será.

Si he de fundir mi espacio frente al tuyo,
cómo será tu cuerpo al recorrerme
y cómo mi corazón si estoy de muerte.
Mi corazón, si estoy de muerte.

Se quebrará mi voz cuando se apague
de no poderte hablar en el oido,
y quemará mi boca salivada,
de la seda que me queme si me besas.
De la seda que me queme si me besas.

Cómo será el gemido y cómo el grito
al escapar mi vida entre la tuya,
y como el letargo al que me entregue,
cuando adormezca el sueño entre tus sueños,
han de ser breves mis siestas.
Mis esteros despiertan con tus ríos.

Pero, cómo serán mis despertares,
cada vez que despierte, avergonzada.

Tanto amor y avergonzada.
Tanto amor y avergonzada.

Chabuca Granda

jueves, septiembre 29, 2005

SAPITO HINCHADO



siempre he sido un sapito hinchado , me voy a morir en la habitación que me dieron mis padres , abrazado a las frasadas que me robé de un avión y luego de un hospital . no sé si algún día llegue a ser un cosmopolito de mi propio jardín . por el momento , soy un sapito hinchado. hasta el día de hoy , con tres décadas encima , toda belleza que ha besado estas carnes tristes no ha logrado convertirme en príncipe de nada . sigo siendo el mismo sapito hinchado que siempre he sido , desde chiquitititito .

jueves, septiembre 15, 2005

MUERTO A LA POEMANTINA

Cuento para niños que sueñan demasiado

O a lo mejor sí, como dice la gente, ya perdí la razón por completo. ¿Y por eso he de llamarme loco? Aceptar que todo el mundo está en un completo error sería darle la contra a mi generación.
Esto que te voy a decir, te lo voy a decir, no porque quiera ahuyentar tus esperanzas de llegar a la edad que tengo yo ahora. Niño, yo quiero que seas el mejor del mundo. No sabes cuánto lo deseo. Que seas grande, sano. Feliz. Por eso es que te voy a contar todo lo que me ha pasado hoy durante el día. Porque sé que te servirá para el futuro que tendrás en este país en donde hemos nacido.
Ya sabes que aunque te digan que soy famoso, que soy artista y que ando siempre rodeado de chicos guapos, en realidad llevo un fracaso continuado de muchos años. Muchos años que sigo siendo el mismo niño que tú y persisto en mi propia inocencia.
En la mañana salí a vender como vende toda la gente de este país en esta época de crisis. Tenía que tomar una combi y pulsear una china para llegar. Menos mal estaba el cobrador de buen humor porque sino, niño, estiraba la bemba enojado. Llegué a donde tenía que llegar. Puntual. Yo nunca he vendido nada en mi vida. Cuando yo tenía tu edad, una vez vendí todos mis juguetes por un sol. Con un sol podía comprarme cuatro chupetines. Negocio redondo, dije. Cuando mi mamá se dio cuenta enfureció. Entonces se lo contó a mi papá y me hizo ésto que tengo aquí en la ceja. Al final, recuperamos los juguetes. De hecho, los vecinos comprendieron claramente que en mí había un mecenas.
El dueño, a quien le tenía que chantar el negocio de esta mañana, salió a recibirme. Tuve que escucharlo una hora y media. Yo no dije una palabra. Sí, señor. Ajá, señor. Okay, señor. Para cuando me pidió que hablara, nomás pude decirle: señor, usted es el mejor de todos. Y sus ojos brillaron. ¿Cuánto?, preguntó desesperado, sacando la chequera. ¡Niño, mi primer negocio en treinta años!
Salí corriendo de su oficina. Hacía frío y de mi boca salía humo blanco. Subí a la primera combi que pasó y me senté. Al lado mío estaba un cholo feo de mi edad. Tenía bigote y se estaba sacando los mocos con los dedos. El índice estaba clavado en uno de sus huequitos. Así, así. El cholo se rascaba la nariz y con sus dedos disparaba hacia la ventana, clavando los mocos en la luna. Voltee para revisar el cheque y el contrato. La firma, los montos. Increíble para mí. Yo, que soy un pobre loco, que se me dice fracasado, había hecho un negocio. En eso fue que sentí que algo cayó en mi rodilla. Era algo blanco. Parecía un arrocito. Miré al cholo y el cholo me miraba asustado. Miré mi pantalón. Lo miré al cholo, de nuevo. Él me miró, también. Respiré hondo. No pasa nada, aquí no pasa nada, recé. El cholo se quedó estático. Yo era más grande que él. Lo miré con cara de malo y con el boleto saqué su moco de mi pantalón. Voló por la combi. Miré otra vez al cholo y el cholo había cerrado los ojos. Se estaba haciendo el dormido. Cholo. Cholo tenías que ser.
Seguimos viajando. A la hora llegamos al paradero de mi trabajo. El cholo siguió durmiendo. Ya se me habían pasado las náuseas. Bajé pensando que pude haber matado a ese cholo y hubiera sido lo justo. Pero, ¿ves, niño? Ser estrella del rock es también tener que evitar líos. Yo soy estrella porque brillo. Pero no sé hasta cuándo, porque iba caminando hasta la oficina con lentes oscuros. Tan oscuros que no veo a la gente pasar. Son bamba. Bonitos, pero bambas. Llegué y antes de entrar me mandaron a trabajar a la calle. El Mega Plaza nuevo, una encuesta al público. Estás viejo, me iba gritando el jefe. Estás viejo. Niño, estás viejo ya, me dije: a trabajar. Entonces fuimos a grabar con la cámara un rato. Había gente bonita que nos sonreía y nos coqueteaban. Al rato llegó un guachimán para decirnos que no podíamos trabajar ahí. Es una propiedad privada. Forcejeamos, insultamos. A mí me dejaron un moretón en la canilla. Pero a la cámara nada. Está entera y funcionando. Nos botaron del lugar. Diez metros fuera de la pista y nos soltaron. La gente nos abucheó. Dijeron que nosotros siempre malogramos el país. Que lo único que sabemos hacer es envenenar a la gente. Niño, ¿acaso te estoy haciendo tanto daño con esto que te digo aquí?
Antes de volver a la oficina entramos al supermercado. Íbamos a comprar gaseosa cuando vimos salir al Cardenal. El Cardenal puede ser malo pero es el Cardenal. Tenía su manada de negros que lo cuidaban. Parecía rodeado de perros amarrados, con bozales. La gente se le acercaba y el Cardenal repetía cruces con su mano. Dios los bendiga. Y había tanta gente que hasta se hizo una cola. Y cada uno recibía la bendición del señor. Entonces cuando llegó mi turno, le estreché la mano. Cardenal, soy Juan. Y el Cardenal me dijo: Juan, Dios te bendiga, hijo. Yo lo bendigo, padre, respondí. De más fue que haya sacado las gafas porque no lo pude mirar a los ojos. Pero me fui cargado de algo que ahora, niño, hace que sonrías con mis gracias hechas de papel.

viernes, septiembre 02, 2005

LA SIEGA

la revista virtual la siega , que se edita en barcelona , puso este poema en su edición 5 , de agosto pasado .


Espermental

Él se enamoró de ella, y ella de su vagina.
I.Y.


Ella creía haber vivido mil vidas
Y ni siquiera menstruaba.
Como querer olvidar cicatrices
Sin tenerlas.
Sus alas: tintineantes cagalucines delirantinos.

A ella le estorbaba su sexualidad
Y comenzó a engatusar mosquitos.
Huyó del mal antes de carbonizarse.
Amó la pobreza para sonreír.

A él le vino la regla apenas cortaron el umbilical.
Le salieron verrugas en sus manos
Y nunca más las sacó del bolsillo.
Su rostro: ciclópeo dormitano quémoli atunado.

Ella nunca amanecía en su cama
Y él se acostumbró a esperarla con pastillas.

A ella la besó un niño que no era yo
Mientras dormía pegado a las paredes del colegio.

Caí del cielo en forma de meteorito.
Tenía el sueño inútil de levantar la estima del mundo
Pero jamás soporté el peso de mis propios rencores.

Tal vez haya vida más allá de la unión de dos tormentos.
“El sexo es el acto de las tinieblas”

(Tiniebla : el yo y el no. El sí. Que no. Que sí. Que sí, por favor. Por favor.
Todos hemos tenido una pésima niñez.
Tu dolor y mi dolor pueden llegar muy lejos. Lejos. Lejos de ti.

- quisiera decir te quiero –dijo cabizbajo.

Nunca habrá respuesta a la duda de un hombre triste.)

Todos se parecen al dolor que hay entre sus piernas.

Ella quiso ser de todos porque se creía de nadie.

Al tiempo comprobó su propia infección.
Y todo se hizo nada.

Ella vivía muerta hasta que él llegó
Para reciclar su juventud.

martes, agosto 30, 2005

FERIADO

ahora que todas las mañanas y las tardes y las noches son iguales , y el desempleo engorda , comprendo más a mi hermano mayor . mi gemelo para ser más metafórico . aún no termina de enfocar la mirada luego de dos días de alcohol y su rostro totalmente lleno de cicatrices frescas sólo sabe encoger los hombros .
- no sé - le responde con desgano a mi papá . aun asustado . carajo , es feriado , es mediodía y en mi barrio nunca sale el sol , y yo que esperaba más que la celestina del amuerzo tuve que asumir el papel de don cojudo.
primero hay que ir a la comisaría .
ya fuí apenas me levanté - es la una y cuarto .
tu madre está con el colesterol alto .
pobre negro , parece un rotwailer llegando a la perrera .
toda su cara está arañada .
qué tan mal está tu hermano ? va quedar marca ?
no sé .
y no piensas en tu hijo cuando . . .
no sé .
al menos una pastilla ?
nada . cuando habla se parecer al puma carranza .

de ahí , ir a sacar sus documentos de la clínica de emergencia a la que se le ocurrió llegar ensangrentado . ensangrentado y borracho , osea , herido pero cagándose de risa . volado . no sé , dice . el doctor lo atendió pero dijo que lo mejor sería que no vuelva a tomar nunca más . fue la única receta .
don cojudo: vaya a pagar y recoger el deneí.

ya mi sobrino no ha sido aceptado por ningún colegio de primera . lo más probable es que tenga que ir a uno de esos pichiruchis donde comercializan droga desde tercero de secundaria . a pesar de su rendimiento estándar , denota graves influencias negativas de sus padres . la mamá de mierda . la pura mier . . , le dijo al tombo .

qué más te puedo contar , amigo , al respecto .
te lo voy a resumir en un titular chicha :

se trompearon delante de angelito de cinco años
HEMBRA ARAÑA A GIL POR BORRACHO Y PEGALÓN
policía verifica rigurosamente las uñas de la agresora para comparar con la cara del agraviado

martes, agosto 23, 2005

LOQUITO SATIPEÑO CHICUILOTEADO

hoy , mi amigo el loquito satipeño me ha dicho que anda chicuiloteado por andar con tanto chicuilote en la cabeza . al comienzo , no he creído nada de lo que dijo . yo no sé si realmente el chicuilote es lo que lo tiene así , yo ando más chicuiloteado que él , diría mi criadilla vieja . será la benzodiarreica , pensé , como queriendo evadir culpas : será la granola feromona , será el azúcar de los desayunos . . . será .
lo primero que reluce al chicuiloteado es la voz : enrojece hasta quemar .
luego , el color de los bellos ; también , los peyejos envejecen . y cuando el chicuiloteado empieza a derretirse como una vela , empiezan los gritos de vapor .
a los chicuilotes se les deposita en las bolsas naranjas que dejan los miércoles los del basurero municipal . lo malo , esperar hasta el otro miércoles para que se lleven al chicuiloteado . entonces , no lo puedes envolver , porque sino , se acercan las rapiñas con patas de burro-berraco . ahí sí , nadie puede salvar a ningún chicuiloteado .
yo , que soy un sapito hinchado , le dije a mi amigo el loquito satipeño , que no se preocupara , que esas cosas pasan , que el chicuilote se va como se va el polvo en las ventanas de mi jibariña cartulino . a todos nos pasa , le dije , intentando darle ánimos . pero el desgano suyo se apoderó de mí .

lunes, agosto 08, 2005

LOS GATOIDES Y LOS CUASIMODOS

lo sé . ya lo comprendí : soy un desmemoriado . ahora , acusarme de irresponsable por dejarme vencer por la desmemoria , es un cosa . y otra , muy diferente , que ustedes hayan sido los infectados por el mal del mutismo asfáltico de mi jungla . algo que nomás , hasta el día de hoy , sólo le pasaba a los gatos y los cuasimodos . a los primeros , se los comenzaron a comer en ají ; a los segundos , como ya sabían qué iban a ser desde sexto mes de gestación , se les abortaba . tan popular habrá sido tal práctica en aquel tiempo , que las barrigas de futuros cuasimodos se veían a lo lejos . entonces las futuras madres no tenían otra que encerrarse en casa , porque sino , eran tiempos donde las pateaduras públicas eran himnos de alegría .
por eso fue que con el tiempo hubieron menos cuasimodos y más gatos . éstos fueron asumiendo postura humana y por décadas se fueron instalando en los techos de la ciudad . luego eligieron a su presidente , y luego a su lugarteniente . comenzaron a andar de a dos patas , hasta que el presidente llegó al senado y los gatos se insertaron sobre nuestros aires . entonces hubo como una nueva nación de gatos - humanos , y no faltó que saliera en novedad la nueva raza : los gatoides , unos humanos con colas tintineantes y agudas garras para raspar la cara de cualquiera que se le acerque .
todos nos dimos cuenta que los gatoides eran una raza superior . y cuando descubrieron cómo era la forma de los humanos en las barrigas de las gestantes , volvieron las pateaduras públicas . al igual que a los cuasimodos .

lunes, agosto 01, 2005

LETRALIA

LETRALIA
REVISTA DE ESCRITORES HISPANOAMERICANOS


Año X • Nº 127

1 de agosto de 2005 . Cagua, Venezuela


Pelea de toros (cuentón)

Juan José Sandoval Zapata
Lima - Perú